No sé si usted me lo crea, pero existen personas con el corazón color verde.
No le estoy hablando con metáforas. Es un hecho científico. Tienen la superficie del corazón de una ligera tonalidad verde olivo. Es una rara condición conocida como “prasinocoria” (prasinos: verde, core: corazón). Yo he tenido la suerte de haberlo visto con mis propios ojos en una disección que presencié durante mi paso por la facultad de medicina y en escasos procedimientos quirúrgicos.
Es interesantísimo que, siendo un hecho tan importante, exista tan poca difusión y tan pocas personas no médicas en el mundo que sepan esto.
Hay escasas teorías sobre por qué pasa algo tan extraordinario, pero ninguna concluyente. Una cosa es cierta: Son corazones totalmente sanos y normales. Otro hecho es igualmente cierto: el tono verdoso no se desarrolla, se trae desde el nacimiento.
Estas personas obviamente no saben que su corazón tiene esa peculiaridad tonalidad. De hecho, casi nadie puede saber que alguien tiene prasinocoria sino hasta un procedimiento a corazón abierto o la muerte del individuo y una eventual disección. No existen métodos rutinarios que permitan saber con exactitud quién padece esta condición y quién no. Los rayos X no muestran el color de los tejidos, únicamente su forma. Y estos corazones tienen una forma completamente normal. Tampoco el ultrasonido es capaz de diferenciar colores de tejidos, solamente densidades. Nuevamente, la densidad del órgano cardíaco de estos individuos es completamente normal.
Otro punto interesante es que, a pesar de tener el corazón ligeramente verdoso, el color la sangre de quien padece esta condición es completamente normal. Parece ser que la tonalidad está relacionada a capas superficiales del corazón y no a la sangre que circula por dicho órgano.
Los pocos científicos que formalmente investigan este apasionante hecho, lo han estudiado a fondo. Han logrado formar ciertas teorías acerca de las personas con “corazón verde” y cómo este hecho hace especial al portador de tan inusual órgano. Interesantemente los datos más concluyentes se han logrado en el campo de la psicología, pues la fisiología del individuo pareciera ser exactamente igual a la del individuo regular.
La mayoría de estudiosos en la materia creen que las personas con prasinocoria tienen una capacidad un poco limitada para la empatía, es decir, para poder sentir y amar con intensidad. Aún no se explican cómo la tonalidad de un órgano se relaciona con las emociones del individuo, sobre todo porque ya ha sido demostrado científicamente que las emociones residen en ciertas partes del cerebro y no en el corazón como pensaban los antiguos griegos, pero en sus observaciones y estudios han notado que estas personas parecen ser un poco menos efusivas a la hora de mostrar sus sentimientos.
Contradictoriamente, un grupo más pequeño de estudiosos del fenómeno creen exactamente lo contrario. Han realizado múltiples estudios para tratar de corroborar lo que sus colegas afirmaban, y no solo no han encontrado evidencia de ello sino que han encontrado indicios de lo contrario: parece que las personas con prasinocoria tienen una capacidad mayor de experimentar sentimientos. Estos otros expertos teorizan que las personas de “corazón verde” son más cuidadosas a la hora de expresar sus sentimientos, precisamente porque sienten más. Según ellos, se ha pasado por alto que solo “aparentan” sentir menos, producto de una autoprotección a todas luces lógica si uno conoce un poco de psicología.
Se desconocen las implicaciones sociales que acarrearía una difusión más amplia de este fenómeno en la sociedad, quizás por ello esta información se ha manejado siempre con mucho recelo. Algunos de los investigadores creen que es un derecho humano conocer el propio cuerpo y que esta información debería de ser de dominio público. Los otros consideran que difundir este conocimiento puede llevar a las personas a situaciones difíciles e inclusive que podría tener implicaciones en cuanto a la manera en que nos relacionamos o escogemos pareja.
Otro punto relevante para la ciencia es la posibilidad de que, motivado por la curiosidad, el individuo busque saber si padece o no esta condición. En dicha búsqueda, el individuo puede exponerse a métodos innecesarios y altamente riesgosos, como puede ser una exploración endoscópica de su tórax o peor aún, un procedimiento quirúrgico abierto. No hablemos de los costos que estos procedimientos acarrearían para las aseguradoras y sistemas de salud.
Independientemente de las implicaciones psicológicas o económicas de este hecho, hay una cosa cierta: Todo lo aquí escrito es totalmente falso.
Por supuesto que no existen personas de corazón verde. Todos tenemos el interior del mismo color: rojo. Pero de haber sido así, de haber sido cierta toda esta fantasía… ¿Tendría alguna importancia en la vida real el color del corazón? ¿Qué tal el color del hígado? ¿Del páncreas? ¿Cómo es entonces que le damos tanta importancia al color de otro órgano como lo es la piel?
“Raza”: palabra nefasta utilizada históricamente para estratificar al humano en base a un conjunto de rasgos físicos y genéticos. Casta. Principal motor de la xenofobia.
Independiente de si es motivo de orgullo o humillación, la raza nos diferencia.
¿Feliz día de la raza?
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