Mueeeeeeevaaaaaseeeeeee ... Beeestiaaaa!!!!!!!!
El grito proferido lo más alto posible (pero sin que ello disminuya la ronquera del amenazador rugido) queda atrapado dentro de las cerradas e indispensablemente polarizadas ventanas del automóvil. El conductor se aferra con las uñas a su bocina, como si de las gónadas del otro conductor se trataran, en un vano esfuerzo por hacerlo avanzar a bocinazo limpio. Ignorará, quizás voluntariamente, que frente a “ese bestia” hay un centenar de “bestias” más en la misma situación? Actitud inmadura y la siempre desubicada “pataleta”.
Nos encontramos en el famoso anillo “periférico” (¿?) de nuestra capital, un martes cualquiera a las 8 pm. Hace mucho tiempo que la “hora pico” de las 6 pm dejó de ser “hora” y paso a ser “período pico”.. una larga banda que abarca desde las 4:30 hasta las 9pm o incluso hasta las 10 pm. Un fiambre de carros, pickups, camiones, trailers con dirección al Pacífico, “tacuazinas” y taxis se mezclan formando un compacto chorro de tráfico, espeso como el engrudo, que se mantiene más tiempo parado que avanzando en ese lento y angustioso flujo.
Aquí no hay “status” que valga: ni el más nuevito BMW ni el más destartalado “picopito” avanzan. Todos en utópica e inmóvil “fraternidad”. Todos uno solo entre el smog y el ruidero. Y aún así, avanzando en delgados carriles inexistentes, amenazantes para la existencia de nuestros retrovisores y la sanidad de la pintura automotriz, la fraternidad motociclística de Guatemala (por que es una verdadera fraternidad) maniobra y se pierde en nuestro horizonte. Por allá desaparece la moto sin retrovisores... por allá desaparecen los numeritos blancos en el fondo negro del casco y el chaleco. Respiramos profundo, porque todos sabemos que la maldición no es cuando se pierden en el horizonte, sino cuando se quedan al lado nuestro! Allí es cuando la paranoia nos hace escuchar mentalmente el metal de un arma de fuego contra el cristal. Allí es donde está el detalle! Por fortuna, esta vez no fue así.
Pocos segundos después, y presa nuevamente de un ataque irracional de ira, otro conductor vuelve a aferrarse a la bocina:
“Por la vidaaaaa de las catorcemil periiiiicaaasss!!! Moveeeeteeeee animaaaallll!! Que no ves que llevo prisaaaaaaa?”
Y entonces inician las “maniobras”. Evaluar el carril de la izquierda: Atascado! Evaluar el carril de la derecha: Igual! Desgracia!! Dos carriles más a la derecha parece que el carril auxiliar avanza un poquíto más rápido. Rugido de motores y olor a “clutch”... Avance entrecortado y saltarín centímetro a centímetro...frenazo a frenazo.... acelerón a acelerón. Una motociclista que si más deja su autografo y quizas su quijada en la lodera frontal derecha (lo que sí deja es un respetuoso saludo a la madre del conductor). Y finalmente, luego de bloquear el tráfico aún más con un irrespetuoso avance diagonal, alcanza el tan deseado carril auxiliar... solamente para descubrir que ahora es el carril de la extrema izquierda el que avanza más rápido.
Ahhhh, el tráfico! Siempre sacando lo mejor de cada uno de nosotros!
No sé si estará usted de acuerdo, estimado lector, pero siempre he considerado que el tráfico (como cualquier adversidad) saca el verdadero yo que cada uno llevamos dentro. Saca a la chulada de ser humano y pacífico que habita en nosotros... no cree?
Es por eso que si lo vemos en conjunto, el análisis del tráfico es una radiografía de quienes somos como sociedad. Una especie de “psicología de las masas”. Una especie de análisis sociológico. A mi me ha dado por llamarlo “traficopsicosociología” simple y sencillamente porque suena lógico.. y claro.. y bonito... y me gusta el término, vaya! Tráfico-psico-socio-lo-gí-a! ... Bo-ni-to!!
Nos podemos ver reflejados como sociedad en nuestro tráfico. Allí, bajo el anonimato de un vidrio polarizado, o bajo el poder de un automóvil mayor, o de un motor más poderoso, yace nuestra verdadera esencia. Allí se acaba la cordialidad y la amabilidad chapina que nos caracteriza frente a los turistas. Allí se acaban las religiones y los principios cristianos de paz y armonía. Allí se acaban las preocupaciones de lo que pensarán de nosotros... porque nadie sabe quienes somos y si nos conocemos o no.
Y, como somos como sociedad? Cual es la verdadera esencia de la sociedad chapina “citadina”? (porque es justo mencionar que en el interior es ooootra cosa, otra idiosincracia, otras características).
Primero que todo, somos una sociedad EXTREMADAMENTE individualista. Incapaces de valorar el bien común como bien propio y por tanto incapaces de trabajar en grupo eficientemente. Lo importante aquí soy yo y para donde yo voy... y ya! Qué importa si bloqueo la intersección? Es que si me quedo atrás y no me meto voy a tener que esperar en el semáforo otros 6 minutos! Mejor me cuzo... aunque no llegue totalmente al otro lado y bloquee a veinte “anónimos” por allí. Y así, generamos cada uno de nosotros mucho más tráfico que el que deberíamos con esas nuestras “hermosas” maniobras. Acaso nos es tan difícil entender que TODOS iremos a la velocidad del más lento y no a la velocidad del más rápido? Hermosa analogía del beneficio para todos de la solidaridad social bienintencionada y desinteresada. “Ayudar al prójimo es como ayudarse a uno mismo” es más que un slogan.
Además, somos una sociedad agresiva: bocinazos al milisegundo que el semáforo dió el verde, cercanías milimétricas, amenazantes picos metálicos en los aros del transporte público, la ley del más fuerte y el más grande impera.. Y saludos a la ley de tránsito o la señalización! (“es que fijese que yo compré mi licencia”). La agresividad del fuerte sobre el débil está a la orden del día:
-“Quitate imbécil!” “Qué no ves que sos moto!?”.
Y ni se te ocurra poner el “pide-vías”! Jaaa! Seguramente desencadenarás un amable y sincero:
- “Ese maldito se me quiere meter!”
Y, ya sellado herméticamente el paso, perderás cualquier posibilidad de cambiar de carril.... así que lo mejor será meterse de romplón.. sin decir “agua va”, so riesgo de pencazo!
Somos una sociedad injusta e intolerante: si alguien se queda parado sin una razón aparente ( y hasta a veces con una justa y visible razón) se le insulta, se le bocina y se le hacemos ver nuestro descontento de la manera más clara posible:
-“Cómo se te ocurre parquear a media calle! Y sin triángulos! Bieeen heeeecho cabróon!!”.
Pero cuando somos nosotros los que nos quedamos varados, aludimos:
-“No ves que se me calentó el carro, animaaal!? No ves que esta cosa no arranca! No estoy parqueado aquí por mi gusto y gana, peeendejo?! Tené dos dedos de frente!” (Es que yo SI tengo una justificación!)
Somos una sociedad anárquica y tenemos cero respeto por la ley:
- “Mira pues vos chavo, quitale los espejos a tu moto, así podes pasar entre los carros sin problema! Abuzado pueeees!”
Y a volar las cuarentayunmil razones por las cuales las motocicletas vienen de fábrica con sus respectivos espejos!”
- “Mira pues manín, los radares de los “malditos” esos están en el Km 25 y en el Km 28. Allí es donde se esconden! (Aguantá vos!, Escondidos los perros esos!) De allí, te podés ir tranquiliiiito, a 130 – 140 km/h que nadie te va a cachar! Nos vemos por allá puesss!”
Y a volar las zonas pobladas... las zonas escolares de los pueblitos pequeños que quedaron partidos por la autopistas...las curvas peligrosas. Esta es mi ruta y aquí vuelo yo con mi nave!
Movemos la cabeza cuando vemos un accidente por un imprudente. Pero manejamos habiendo tomado “solo un poquito”. No se le hacen conocidas las frases: “Si fueron 3 chelas nada mas pueees vooos!” o “Dame mis llaves! Si no ando a soca, mano... solo ando alegrón”? .
Somos una sociedad desordenada y no planificamos: Si Ud va a cruzar a la derecha, por que viene por el carril de la extrema izquierda? Por que, a la larga, se le puede meter a todos?
Probablemente me dirá Ud que en todos lados es igual... y sí lo es... Igual, pero diferente.
Como así?
En todos lados, igual que aquí, existe tráfico, cada lugar tiene su idiosincracia vial y en todos lados se cuecen habas.. pero de diferente manera. Por ejemplo en India, existe un verdadero caos, un desorden total, pero interesantemente un desorden “amable”. El tráfico allá es realmente caótico entre carros y “rickshaws” (tuc-tucs indios) que se acercan cada 5 segundos en lo que aquí sería un choque seguro y agarran contra-vía las autopistas. Y aún así no se respira la agresividad que existe aquí ni nadie se toma personal el asunto. A lo más que llegan, y raramente, es a una mirada de desaprobación si alguien se acercó realmente mucho o hizo una maniobra realmente peligrosa. O España del norte, en donde se alborotan, so pena de multa, si al manejar no pones el pide-vías cada vez que cambias de carril (independientemente si hay carros o no... independientemente si eres el único en la autopista!), si frenas sobre un paso peatonal o si no haces el ALTO donde debes de hacerlo. ( Y alto no es bajar la velocidad, ni bajar muchísimo la velocidad y ver a ambos lados, ni bajar muchisisísimo la velocidad y ver con mucho cuidado ambos lados... alto es alto! La ley es la ley!)
El tráfico es la mejor evidencia que como sociedad queremos que la ley se la apliquen a todos... menos a nosotros. Por que? Porque yo sí TENGO una razón para romperla! Yo sí tengo “justificación”. Yo voy tarde. Yo no sabía... yo .. yo .. yo... Respeto a la ley? Cero.
Frase en un rótulo en el extranjero: Ud no está “atrapado en el tráfico” ... Ud ES el tráfico.