lunes, 28 de noviembre de 2011

Mueeeeevaseeeeeee Beeeestiaaaa! (Traficopsicosociología)


Mueeeeeeevaaaaaseeeeeee ... Beeestiaaaa!!!!!!!!

El grito proferido lo más alto posible (pero sin que ello disminuya la ronquera del amenazador rugido) queda atrapado dentro de las cerradas e indispensablemente polarizadas ventanas del automóvil.  El conductor se aferra con las uñas a su bocina, como si de las gónadas del otro conductor se trataran, en un vano esfuerzo por hacerlo avanzar a bocinazo limpio. Ignorará, quizás voluntariamente,  que frente a “ese bestia”  hay  un centenar de “bestias” más en la misma situación?  Actitud  inmadura  y la siempre desubicada “pataleta”.

 Nos encontramos en el famoso anillo “periférico” (¿?) de nuestra capital, un martes cualquiera a las 8 pm. Hace mucho tiempo que la “hora pico” de las 6 pm  dejó de ser “hora” y paso a ser  “período pico”.. una larga banda que abarca desde las 4:30 hasta las 9pm o incluso hasta las 10 pm. Un fiambre de carros, pickups, camiones,  trailers con dirección al Pacífico, “tacuazinas” y taxis se mezclan formando un compacto chorro de tráfico, espeso como el engrudo, que se mantiene más tiempo parado que avanzando en ese lento y angustioso flujo. 

Aquí no hay “status” que valga: ni el más nuevito BMW ni el más destartalado “picopito” avanzan. Todos en utópica  e inmóvil “fraternidad”. Todos uno solo entre el smog y el ruidero.  Y aún así,  avanzando en delgados carriles inexistentes, amenazantes para la existencia de nuestros retrovisores y la sanidad de la pintura automotriz, la fraternidad motociclística de Guatemala (por que es una verdadera fraternidad) maniobra y se pierde en nuestro horizonte.  Por allá desaparece la moto sin retrovisores... por allá desaparecen los numeritos blancos en el fondo negro del casco y el chaleco. Respiramos profundo, porque todos sabemos que la maldición no es cuando se pierden en el horizonte, sino cuando se quedan al lado nuestro! Allí es cuando la paranoia nos hace escuchar mentalmente el metal de un arma de fuego contra el cristal. Allí es donde está el detalle!  Por fortuna, esta vez no fue así. 

 Pocos segundos después, y  presa nuevamente de un ataque irracional de ira,  otro conductor vuelve a aferrarse a la bocina:

“Por la vidaaaaa de las catorcemil periiiiicaaasss!!!   Moveeeeteeeee animaaaallll!! Que no ves que llevo prisaaaaaaa?”

Y entonces inician las “maniobras”. Evaluar el carril de la izquierda: Atascado! Evaluar el carril de la derecha: Igual! Desgracia!!  Dos carriles más a la derecha parece que el carril auxiliar  avanza un poquíto más rápido.  Rugido de motores y olor a “clutch”... Avance entrecortado y saltarín centímetro a centímetro...frenazo a frenazo.... acelerón a acelerón.  Una motociclista que si más deja su autografo y quizas su quijada en la lodera frontal derecha (lo que sí deja es un respetuoso saludo a la madre del conductor).  Y finalmente, luego de bloquear el tráfico aún más con un irrespetuoso avance diagonal,  alcanza el tan deseado carril auxiliar... solamente para descubrir que ahora es el carril de la extrema izquierda el que avanza más rápido.

Ahhhh, el tráfico! Siempre sacando lo mejor de cada uno de nosotros!

No sé si estará usted de acuerdo, estimado lector, pero siempre he considerado que el tráfico (como cualquier adversidad) saca el verdadero yo que cada uno llevamos dentro. Saca a la chulada de ser humano y pacífico que habita en nosotros... no cree?

Es por eso que si lo vemos en conjunto, el análisis del tráfico es una radiografía de quienes somos como sociedad. Una especie de “psicología de las masas”. Una especie de análisis sociológico. A mi me ha dado por llamarlo “traficopsicosociología” simple y sencillamente porque suena lógico..  y claro.. y bonito... y me gusta el término, vaya!  Tráfico-psico-socio-lo-gí-a!  ... Bo-ni-to!!

Nos podemos ver reflejados como sociedad en nuestro tráfico.  Allí, bajo el anonimato de un vidrio polarizado, o bajo el poder de un automóvil mayor, o de un motor más poderoso, yace nuestra verdadera esencia. Allí se acaba la cordialidad y la amabilidad chapina que nos caracteriza frente a los turistas. Allí se acaban las religiones y los principios cristianos de paz y armonía. Allí se acaban las preocupaciones  de lo que pensarán de nosotros... porque nadie sabe quienes somos y si nos conocemos o no.  

Y, como somos como sociedad? Cual es la verdadera esencia de la sociedad chapina “citadina”? (porque es justo mencionar que en el interior es ooootra cosa, otra idiosincracia, otras características).

Primero que todo, somos una sociedad EXTREMADAMENTE individualista. Incapaces de valorar el bien común como bien propio  y por tanto incapaces de trabajar en grupo eficientemente. Lo importante aquí soy yo y para donde yo voy... y ya!  Qué importa si bloqueo la intersección? Es que si me quedo atrás y no me meto voy a tener que esperar en el semáforo otros 6 minutos! Mejor me cuzo... aunque no llegue totalmente al otro lado y bloquee a veinte “anónimos” por allí. Y así,  generamos cada uno de nosotros mucho más tráfico que el que deberíamos con esas nuestras “hermosas” maniobras. Acaso nos es tan difícil entender que TODOS iremos a la velocidad del más lento y no a la velocidad del más rápido?  Hermosa analogía del beneficio para todos de la solidaridad social bienintencionada y desinteresada.  “Ayudar al prójimo es como ayudarse a uno mismo”  es más que un slogan.

Además, somos  una sociedad agresiva: bocinazos al milisegundo que el semáforo dió el verde, cercanías milimétricas, amenazantes picos metálicos en los aros del transporte público, la ley del más fuerte y el más grande impera.. Y saludos a  la ley de tránsito o la señalización! (“es que fijese que yo compré mi licencia”). La agresividad del fuerte sobre el débil está a la orden del día: 

  -“Quitate imbécil!” “Qué no ves que sos moto!?”.

Y ni se te ocurra poner el “pide-vías”!  Jaaa! Seguramente desencadenarás un amable y sincero:

- “Ese maldito se me quiere meter!”

 Y, ya sellado herméticamente el paso, perderás cualquier posibilidad de cambiar de carril.... así que lo mejor será meterse  de romplón.. sin decir “agua va”, so riesgo de pencazo!

Somos una sociedad injusta e intolerante: si alguien se queda parado sin una razón aparente ( y hasta  a veces con una justa y visible razón) se le insulta, se le bocina y se le hacemos ver nuestro descontento de la manera más clara posible:  

-“Cómo se te ocurre parquear a media calle!  Y sin triángulos! Bieeen heeeecho cabróon!!”.

Pero cuando somos nosotros los que nos quedamos varados, aludimos:

-“No ves que se me calentó el carro, animaaal!? No ves que esta cosa no arranca!  No estoy parqueado aquí por mi gusto y  gana, peeendejo?! Tené dos dedos de frente!” (Es que yo SI tengo una justificación!)  

Somos una sociedad anárquica y tenemos cero respeto por la ley

-          “Mira pues vos chavo, quitale los espejos a tu moto, así podes pasar entre los carros sin problema! Abuzado pueeees!”

Y a volar las cuarentayunmil razones por las cuales las motocicletas vienen de fábrica con sus respectivos espejos!”

-          “Mira pues manín, los radares de los “malditos” esos están en el Km 25 y en el Km 28.  Allí es donde se esconden! (Aguantá vos!, Escondidos los perros esos!) De allí, te podés ir tranquiliiiito, a 130 – 140 km/h que nadie te va a cachar! Nos vemos por allá puesss!”

Y   a volar las zonas pobladas... las zonas escolares de los pueblitos pequeños que quedaron partidos por la autopistas...las curvas peligrosas.  Esta es mi ruta y aquí vuelo yo con mi nave!

Movemos la cabeza cuando vemos un accidente por un imprudente. Pero manejamos habiendo tomado “solo un poquito”. No se le hacen conocidas las frases:   “Si fueron 3 chelas nada mas pueees vooos!” o  “Dame mis llaves! Si no ando a soca, mano... solo ando alegrón”? .

Somos una sociedad desordenada y no planificamos:  Si Ud va a cruzar a la derecha, por que viene por el carril de la extrema izquierda?  Por que, a la larga, se le puede meter a todos? 

Probablemente me dirá Ud que en todos lados es igual... y sí lo es... Igual, pero diferente.

Como así? 

En todos lados, igual que aquí, existe tráfico,  cada lugar tiene su idiosincracia vial y en todos lados se cuecen habas.. pero de diferente manera. Por ejemplo en India, existe un verdadero caos, un desorden total, pero interesantemente un desorden “amable”. El tráfico allá es realmente caótico entre carros y “rickshaws” (tuc-tucs indios) que se acercan cada 5 segundos en lo que aquí sería un choque seguro y agarran contra-vía las autopistas. Y aún así no se respira la agresividad que existe aquí ni nadie se toma personal el asunto.  A lo más que llegan, y raramente, es a una mirada de desaprobación si alguien se acercó realmente  mucho o hizo una maniobra realmente peligrosa.  O España del norte, en donde se alborotan, so pena de multa, si al manejar no pones el pide-vías cada vez que cambias de carril (independientemente si hay carros o no... independientemente si eres el único en la autopista!), si frenas sobre un paso peatonal o si no haces el ALTO donde debes de hacerlo. ( Y alto no es bajar la velocidad, ni bajar muchísimo la velocidad y ver a ambos lados,  ni bajar muchisisísimo la velocidad y ver con mucho cuidado ambos lados... alto es alto!  La ley es la ley!)

El tráfico es la mejor evidencia que como sociedad queremos que la ley se la apliquen a todos... menos a nosotros.  Por que? Porque yo sí TENGO una razón para romperla! Yo sí tengo “justificación”. Yo voy tarde. Yo no sabía... yo .. yo .. yo... Respeto a la ley? Cero.

Frase en un rótulo en el extranjero:  Ud no está “atrapado en el tráfico” ... Ud ES el tráfico. 

lunes, 21 de noviembre de 2011

El miedo primordial


La garganta seca.  Un mazo pesado golpeteando por dentro, rítmica y rápidamente, la caja torácica: “Tuc-tún, tuc-tun, túc-tun”.  El término “angustia” en su mayor esplendor: manos sudorosas...respiración agitada... tez pálida y (lo peor) unas incontrolables ganas de salir corriendo!  Ganas de no hacerlo! Ganas de no intentarlo!  Una especie de incómodo calambre existencial y una total obsesión por que pase ya el momento.
La voz de mi padre, contundente como siempre, me indicaba gritando lo que debía hacer, mientras corría hacia mí con su chaleco verde “camouflageado”  y sosteniendo la escopeta con ambas manos:
-“Agarralo mijo! No lo dejés escapar!”

Me encuentro en un sembradío tropical del pacífico  (húmedo, caliente y cundido de mosquitos) de la Guatemala de 1985. Con 9 años  y con el lodo hasta la cintura, es la primera vez que debo hacerlo.  Frente a mí, un amasijo de plumas enlodadas y ensangrentadas se revuelve convulsivamente mientras grazna.  Quién me iba a explicar a esa tierna edad que ir a cazar patos  con mi padre iba a ser un despertar a la realidad de la vida y la muerte? Quien me iba a preparar para asistir a esa horrenda experiencia de otro ser vivo llamada “agonía”.  Mi mente inocente pintaba una situación hipotética  totalmente distinta, cuando dije emocionado “sí” a la posibilidad de ir a cazar patos con mi padre. Según yo, los patos ya caían muertos!.  Por muy lógico que me parezca ahora, por mi mente no pasaron elementos como la sangre y el sufrimiento, los que resultaron ser los actores principales de la situación.

Hábil cazador, mi padre llegó planeando por sobre el lodo al lado de su asustado hijo.   Sostuvo la escopeta con una mano, mientras con la otra buscaba rápidamente la cabeza del plumífero.  Al encontrarla, la asió con fuerza con una sola mano, lo levantó del suelo y mientras me decía “ASÍ, MIRÁ!” hizo girar varias veces el cuerpo del animal mientras mantenía la cabeza fija,   como si de una matraca se tratara, desnucando y matando rápidamente al pobre pato.

Imagínese usted mi cara mientras contemplaba, boquiabierto, semejante escena!  Sorprendentemente y en menos de una hora, quizás porque no tenía alternativa, quizás porque sabía que cazábamos para comer durante el viaje y había que sacar “el chance”  o quizás movido por terminar rápidamente el sufrimiento de los animales, ya era yo un experto “matracador” de patos.  El miedo primordial  de nunca haber hecho algo similar se esfumó y dio rápidamente espacio a la rutina. Al final del día me encontraba yo desnucando patos con la misma cotidianeidad con la que un mono amaestrado realiza su aprendida rutina de circo. La habilidad del humano para adecuarse a todas las situaciones  es simplemente impresionante!

Y es ese juego entre el miedo primordial y la rutina lo que marca muchas veces nuestras vidas.   El miedo impera solamente las primeras veces que hacemos algo y luego dar paso,  poco a poco, a la experiencia y a la rutina.  La dinámica siempre se mantiene en toda nueva situación. No importa si hablamos por primera vez frente a un público numeroso o saltamos por primera vez de un alto trampolín, la secuencia siempre  es la misma: angustia – miedo- menos miedo- tranquilidad-costumbre-rutina...

Vencer el miedo primordial es quizás la parte más difícil de cualquier reto. Y al lograr vencerlo, al lograr dominarlo, se experimenta una merecida sensación de logro. La satisfacción de la superación. El ser humano está diseñado para ello: necesita el reto y lo busca constantemente con el único fin de poder superarlo.  Si se encuentra en el punto A, busca ir al punto B. Y no estará para siempre en el punto B, pues pronto se aburrirá y encontrará que existe el punto C. Esta necesidad de progreso está en sus genes. Solo así podemos explicarnos que una especie evolucionada y racional ponga en riesgo su integridad física ( y a veces hasta los dientes!) por lograr una pirueta más, una  cima más, un kilómetro más ... todo esto sin una aparente necesidad (más que la misma necesidad del reto).  

Vencer el miedo primordial es siempre el primer paso. Y ese primer paso, lógicamente, definirá hacia donde se dirigirá la secuencia de pasos subsiguientes... para bien o para mal. Los miedos que decidimos vencer definirán nuestra vida.  Dime que miedo quieres vencer y te diré hacia donde se dirigirá tu vida.
Lo curioso del caso es que los retos negativos TAMBIÉN pueden ser fuente de  satisfacción personal... de “superación” personal, por muy negativo que sea el resultado.  El miedo primordial también existe en estas situaciones. Por ejemplo,  el miedo del primer robo... el miedo  a la primera estafa... el miedo del primer asalto...el miedo del primer ingreso a la cárcel... el miedo del primer asesinato... el miedo al primer desfalco a las arcas públicas.  Y de la misma manera que el humano se acostumbra a retos positivos y vence el miedo, también termina por “acostumbrarse” a los retos negativos.  El asalto se vuelve un acto rutinario en el atracador cuando ese miedo primordial que lo frenaba se ha esfumado.

Finalmente, la lógica de buscar “nuevos retos” se da también en el ámbito negativo: un asalto mayor, un “trabajito” mejor pagado, una mayor “reputación” entre los reos. La desviación de fondos públicos y las componendas anti-éticas también se vuelve rutina entre los funcionarios del gobierno. Y la rutina y cotidianeidad con la que se realizan estos hechos en el gobierno hacen que la manzana podrida termine por arruinar alas nuevas manzanas que llegan con las mejores intenciones al gobierno.

El punto de quiebre en la forma en la que se desarrollará una vida, y por tanto una sociedad, dependerá en gran medida de cuales miedos primordiales decidimos vencer... o nos vemos forzados a vencer. 
Para poder mantener una sociedad en orden es esencial reforzar el miedo primordial de los retos negativos mediante una cultura de la consecuencia. Se debe difundir y reforzar la creencia que a cada acción negativa habrá una reacción proporcional en contra del autor de dicha acción.  Aún cuando  sea imposible que exista un policía por cada habitante en ningún país del mundo, el esquema funciona en todos los  países “ordenados”. Por qué? Por que el verdadero policía no está en las calles, “el verdadero policía está en la cabeza” de cada ciudadano.  Y este policía mental funciona también en Guatemala. Ejemplo de ello fue la política del “cepo” impulsada por la municipalidad capitalina.  La cultura de la “consecuencia del cepo” logró imponerse en el subconsciente de la población.  Se da cuenta del potencial enorme que existe en políticas tan sencillas como esta, para poder  condicionar a la población a hacer las cosas bien? A respetar la ley? 

La “oferta de retos positivos” de la mano de una “cultura de la consecuencia” en los retos negativos es esencial para ordenar a nuestra sociedad. Ignorar estos principios de la piscología humana es un error garrafal  a la hora de realizar políticas públicas. Frenar la ola de delincuencia será imposible en Guatemala si ignoramos la naturaleza del humano en este aspecto. Una mayor presencia policial en las áreas rojas y una política exclusiva de “mano dura” será inútil si no va acompañada de un aumento en las áreas deportivas y bibliotecas en estas mismas áreas.  Por otro lado, la tolerancia de delitos menores en áreas que ya se encontraban “controladas  romperá la cultura de la consecuencia y  dará paso a romper más miedos primordiales en retos negativos.

Conocer la mente humana y los determinantes psicológicos de la conducta es el factor más importante de un gobierno efectivo.  Cuanta participación tiene la ciencia en la política? He allí la explicación de muchas cosas.


"Tal es el fin de todo el condicionamiento: hacer que cada uno ame el destino social, del que no podrá librarse"   Aldous Huxley, en Un Mundo Feliz.-

jueves, 10 de noviembre de 2011

Carta a mi querido abstencionista electoral


Bueno pues, señor “abstencionista”. Las elecciones pasaron. Después de tanta bulla y de tanta discusión acerca de si ir a votar o de si no votar, las elecciones… ¡se dieron! Después de andar analizando que si los “buenos candidatos” no pasaron a segunda vuelta, que si este pueblo es un estúpido sin memoria y no sabe elegir, que si cáncer, que si sida, que si ninguno era de mi “ideología”, que si el pasado, el presente o el futuro… ¡se dieron! ¡Como siempre se han dado! ¡Y como siempre se darán!
Inevitablemente, inexorablemente… existe un ganador. No importando si le guste o no a usted o a su vecino: existe un ganador.
Y no importó si el ganador es el que Ud. consideraba “menos peor” o si por el contrario, es el que Ud. consideraba el “más nefasto”. No importó. Existe un presidente electo popularmente. Esto ya es historia. Y Ud., igual que yo y el resto de guatemaltecos, tendremos que tragarnos el verle la cara 4 años. Tendremos que llamarle “presidente”. Tendremos que ceñirnos a su mandato. Tendremos que sufrir las consecuencias de tenerlo en el poder.
Y es tiempo de analizar si se hizo bien o mal en abstenerse de votar (¿O es Ud. acaso de las personas que no analizan y no buscan mejorar? No lo creería, porque son precisamente ese tipo de personas que no se retan a sí mismas, que no se reinventan y que no buscan mejorar las que mantienen sumido a este país en el subdesarrollo).
Analicemos fríamente y contestémonos las siguientes preguntas:
-          ¿Hizo Usted, señor abstencionista, alguna diferencia ausentándose de votar?
-          ¿Evitó Ud. heroicamente que alguno de los dos “malos candidatos” fuera electo?
-          ¿Guatemala ha mejorado con su abstencionismo?
-          ¿Encuentra Ud. reflejado su abstencionismo en mejores políticas y en mejores planes de gobierno?
-          Si el abstencionismo hubiese sido de 10% más del que realmente fue… ¿habría alguna diferencia? ¿Y si hubiese sido 30% más? ¿Qué tal 40% más?
El porcentaje de abstencionismo se olvidará en 1 mes cuando mucho, se lo aseguro, pero el presidente quedará 4 años.
Yo le pregunto, señor abstencionista: ¿Acaso el candidato electo tomó la victoria triste y humillado, sintiéndose avergonzado de que no todos los guatemaltecos fueron a votar? ¿Acaso el ganador está cabizbajo y meditabundo, dándose golpes en el pecho porque no es “santo de devoción” de absolutamente todos los guatemaltecos y realmente resiente el “castigo” y la “lección” que Ud. le propinó con no ir a votar?  ¡Por supuesto que no! ¡La sonrisa de triunfador, no se la quita nadie! ¡Esa sonrisa es tan amplia que casi se le juntan las comisuras en el occipucio y le parte la cabeza en dos!  ¡El brillo en sus ojos triunfadores no se lo quita nadie!
Este gobierno seguirá sin que Ud. haya tenido la más mínima participación en su elección o no elección. Para bien o para mal, seguirá sin que Ud. haya tenido el más mínimo impacto.
Lo más curioso de todo esto es que estoy escribiendo estas líneas el día sábado, un día antes de las elecciones, simplemente porque estoy convencido que las elecciones se darán y habrá un ganador. Simplemente porque sé, históricamente, que el mayor o menor abstencionismo en las pasadas elecciones no ha tenido el más mínimo impacto. Ni lo tendrá en las futuras elecciones. Ni en este país ni en ningún otro.  Porque soy frio, calculador y pragmático.
¿Acaso su frustración y su orgullo evitaron que uno de los “pestilentes candidatos”, como suele Ud. llamarlos, fuera electo? ¿De verdad los consideraba Ud. exactísisisimamente iguales a los dos? ¿No será que se dejó llevar por las emociones y la frustración? ¿No será que apagó su capacidad de análisis con tal de no esforzarse en buscar pequeñas diferencias  y se sentó con los brazos cruzados y el rostro fruncido de enojo, dejando que pasara cualquier cosa? O, ¿será que no tuvo  el valor de  tener que afrontar las posibles consecuencias de haber elegido uno de los dos? Que más que una situación de principios, ¿fue una situación de cobardía?
“Yo no voté por él” es una frase cobarde. ¡Usted no voto por nadie! No tuvo el valor de hacerlo. Cuando se trata de elegir entre blancos o negros es fácil. Elegir entre placer y dolor es fácil. Lo difícil es encontrarse frente a una escala interminable de grises, a veces muy oscuros y parecidos, y tener que elegir. Lo difícil es hacerse responsable de esa elección. Dejar de pensar en lo que uno siente y comenzar a pensar en el país.
¿El control de las emociones no logró imponerse esta vez?  ¿No logró controlar el enojo y el berrinche de no tener un superhombre como presidente?  O me va a decir Ud. que ¿había algún supercandidato en la primera vuelta? ¡TODOS TENÍAN SUS COSITAS! ¡TODOS SIN EXCEPCION! Que si tarántula, que si viejito cascarrabias, que si pastor interesado… ¡a TODOS los pelamos! De todos hicimos chistes, y es lógico: todos son simples mortales (algunos ligeramente mejores o peores que otros). Todos son humanos con sus defectos, sus egoísmos y sus intereses particulares. Ninguno es un superhombre (o supermujer). Ninguno por si solo puede ni podrá sacar adelante este país.
En ninguna parte del mundo una sola persona ha sacado un país adelante. Algunos han sido más sabios que otros. Otros han logrado inspirar más a un pueblo. Pero en todos lados el desarrollo ha sido un trabajo en equipo. Y le aseguro que un gran líder, sin un gran pueblo, está perdido… remando en la arena. Además, si no somos un gran pueblo, ¿de donde vamos a sacar entre nosotros a un gran líder?
Y aquí es donde viene el tema más importante. Si la elección ya es un hecho y tenemos un nuevo presidente… ¿qué vamos a hacer ahora?
Pues ¿qué otra cosa? ¡Trabajar por un mejor país! Modificar las cosas desde adentro.
¿Y cómo? Pues analizando lo que “salió mal” y trabajando en ello.
-          “¡El problema fueron los partidos políticos! Escogen a los candidatos a dedo en base a intereses personales” Bueno, ¡pues trabajemos duro estos 4 años como sociedad civil en presionar por una modificación de la Ley Electoral y de Partidos Políticos entonces!
-          “¡El problema es la ignorancia de la gente!” Bueno, involucrémonos en la educación cívica de la población más ignorante y vulnerable.
-          “¡El problema de estas elecciones fue X!” “No, ¡el problema fue Y!”. Pues busquémosle solución a X y a Y… ¡y RÁPIDO, porque ya en 4 años vienen otras elecciones!
¡Qué se yo cuales son todas las soluciones! Ninguno tenemos todas las respuestas. Pero si sé que hay que buscarlas… y no nos van a caer del cielo.
Lo que si debemos evitar es volvernos nosotros mismos el problema y quedarnos paralizados y resignados cuatro años más, echándole la culpa a todos menos a nosotros mismos. Y por tanto, sin hacer nada.
Lo que nos toca es apretar la quijada y la mano en el mango del machete o la pluma y ¡CHAMBEAR! ¡CHAMBEAR! ¡CHAMBEAR! ¡Involucrarnos en movimientos cívicos! ¡Involucrarnos en movimientos educativos! ¡Informarnos! ¡Leer! ¡Enseñar! ¡Hacer ciudadanía! Realmente vivir la democracia día a día y dejar atrás el engaño que democracia es pintarse el dedito de morado  y agitar banderitas una vez cada cuatro años en búsqueda de un héroe. Transformarnos, poco a poco, en un gran pueblo, listo para tener un gran líder.
-          “Ud. no me entiende (podrá decirme), yo no fui a votar porque quiero un cambio en el sistema”, me dirá. “Porque votando solo legitimo el sistema actual… ¡por una situación de principios!”.
Resulta muy seductora la idea de una revolución, de un “renacer” súbito. Un borrón y cuenta nueva.  Pero ¡el problema real del país no es solo su sistema, sino también su materia prima! La materia prima será la misma, no importando cuantas veces reiniciemos y empecemos esto de cero.
Todos los componentes psicológicos que hacen difícil la convivencia entre humanos permanecerán el tiempo que estemos trabajando con  humanos, es decir, siempre: El egoísmo persistirá, la apatía persistirá, la ambición persistirá, los “vivos” y aprovechados persistirán. Todos estos componentes han persistido siempre, en todos los tiempos y en todos los países, no solo en Guatemala.
¿Cuál ha sido entonces el secreto de los países realmente desarrollados? Pues conocer estos componentes, aceptarlos y modificar poco a poco sus sistemas, para minimizarlos al máximo. ¿Qué herramientas han usado para ello? Pues la presión cívica, el voluntariado, la solidaridad y la educación. Crear políticas sabiendo que el desarrollo de un solo sector es insostenible, porque todos estamos en el mismo barco.  Esos países han promovido la implementación de una cultura de la consecuencia, la cristalinidad y la  auditoría social. Han promovido el trabajo en equipo entre gobierno y población, sin verse los unos a los otros como amenaza,  sino como sectores interdependientes que se necesitan y se potencian. Han logrado una visión en común como país y un trabajo conjunto para lograr esa visión. Pero eso si, vigilándose y auditándose los unos a los otros.
Es probable que, si comenzamos a trabajar realmente duro y nos acostumbramos a ese ritmo, quizás en las próximas elecciones  Ud. no vote por el “mejorcito” ni por el “menos peor”, sino por el que no se le cruce en su camino como ciudadano educador y forjador de una democracia y de un país. Votará por el que le estorbe menos.
Las elecciones se seguirán dando, como se siguen dando en todos los países desarrollados, simplemente porque es el mejor sistema hasta el momento, con todos sus defectos. La diferencia entre los países desarrollados y nosotros NO ESTÁ en la manera en la que llevamos las elecciones… está en lo que hace el pueblo, es decir Ud. y yo, entre elección y elección.
“Estoy cansado de escuchar decir que la democracia no funciona. ¡Por supuesto que no funciona! ¡Se supone que la tenemos que hacer funcionar!”
 -Alexander Woollcott