martes, 31 de enero de 2012

A cuánto el marero?


- "Disculpe la molestia: No me regala una pajillita, si no fuera mucha molestia?"

-  "Con mucho gusto", replica la chica tras el mostrador, con su peinado impecable en cola y una visera roja que hace combinación perfecta con su camisa.

- "Le puedo ayudar en algo más?"

- "No, muchas gracias! Pase feliz tarde"

- "Feliz tarde para usted"

Me alejo de la caja, con una bandeja llena grasas saturadas, carbohidratos, sodio...  y la sonrisa retorcida y pecaminosa de quien se atracará de calorías por Q34.00

 Mientras camino hacia mi mesa, no puedo dejar de pensar en la amable atención al cliente que recibimos en Guatemala  (y que muchas veces tomamos por contado), la que contrasta violentamente con la atención recibida en la misma cadena de restaurantes en otros países como EEUU y Panamá. Guatemala tiene POR MUCHO el mejor servicio al cliente en este tipo de restaurantes!  

-“Que amable y bueno es el guatemalteco!”, pienso para mis adentros.

Mientras paso al lado de la ketchup busco sin éxito un ejemplar de Prensa Libre o Siglo XXI, sin éxito. 

-" Si tan solo hubiera un ejemplar, aunque sea de Nuestro Diario".

(He de confesar que soy adicto a leer mientras como, sobre todo a leer publicaciones nacionales cuando ingiero comida rápida.)

-" Bueno, al menos traigo mi celular, y ahora que tiene "feisbuck", me entretendrá. "

Como si no fueran suficientemente adictivas las redes sociales, recluidas en nuestras computadoras, ahora las benditas networks nos siguen al lugar que vayamos. En cualquier lugar y cualquier momento estamos a tan solo un botón de todos nuestros amigos.  Me pregunto: Desde qué lugares, comunes  y exóticos, públicos y privados, mis amigos habrán husmeado mi perfil?

Finalmente encuentro un lugar disponible  y me siento, muy contento de vivir en la amable Guate, además de haber encontrado  una mesa "de las grandes" y así darme el placer de contar con espacio ilimitado para mi “hamburguesita", mis "papitas" y mi "aguita”.

Enciendo el famoso aparatejo, para entretenerme mientras engordo en silencio y comienzo a navegar a través de notificaciones tanto de amigos como de medios de comunicación.  No me toma más de un par de teclazos  el encontrarme con una de las noticias más comunes en nuestro país:

... "Localizan dos cadáveres en la zona 1 de Mixco. Ambos cadáveres se encontraban en estado de putrefacción, desmembrados dentro de bolsas negras de nylon"...

Mi ceño se frunce y el malestar propio de una noticia así me invade. A pesar de años de lo mismo, aún no me acostumbro a semejante salvajismo... y espero no acostumbrarme jamás!  Es imposible no deducir que en Guatemala la vida simplemente no vale nada.  Ese es nuestro problema.

La noticia me impresiona, pero dicha impresión queda corta comparada con la impresión que me causa leer los comentarios de decenas de "amables guatemaltecos" que han leído la noticia antes que yo: guatemaltecos cotidianos, como la amable chica que me entregó mis papitas fritas. A continuación transcribo algunos  de los comentarios:

-"Exterminen a los mareros!"

- "Por mí que los ejecuten a todos!"

- " Hay que aprender de Honduras: fingir un incendio y quemar todas las cárceles".

- "Dios nos ampare! Estos demonios existirán mientras no retornemos a Dios".

- “Denles aguas, pero ya!”

Sigo explorando los comentarios, encontrándome dos comentarios exigiendo "limpieza social" por cada tres comentarios  que leo.  Estos comentarios provienen de todo tipo de guatemaltecos: Hombres y mujeres, adolescentes y adultos, profesionales y no profesionales...   Cada comentario viene acompañado por la foto del comentarista: imágenes de guatemaltecos comunes y corrientes, algunos presentan iconos religiosos en sus perfiles, otros acompañados de sus hijos.

Aún cuando es natural esta reacción visceral de venganza por parte dela comunidad, no deja de impresionarme.

“Cómo es posible que hayamos llegado al extremo en el que la gran mayoría de  guatemaltecos somos “asesinos en potencia”? (O al menos, asesinos intelectuales, pues muchos darían con gusto la orden para realizar una limpieza social en las cárceles y presidios).

La pregunta lógica a responder para resolver mi pregunta anterior sería:

- Qué tanta diferencia existe entre el guatemalteco que desvalora la vida del marero con respecto al  marero que desvalora la vida de su victima?

Sé que esta pregunta podrá ofender a muchos:        

  "Es que yo solo estoy pidiendo justicia!", replicarán.
-           "Es que ellos mataron primero!"
-           "Es que el sistema judicial en Guatemala no sirve!"
-           "Es que...", "Es que..."

Quiero aclarar que a mí también me da una rabia casi incontenible leer con impotencia que los asesinos  y los violadores se pasean por nuestra ciudad, haciendo lo que les viene en gana.  Sin embargo, debemos preguntarnos: Desvalorar aún más el ya devaluado concepto de vida, a través de ejecuciones extrajudiciales, es la respuesta a nuestros problemas?  No habíamos identificado que el problema es que “la vida no vale nada en Guatemala”, pues?

"Proceso que no se audita se corrompe". Esta máxima es en extremo aplicable a Guatemala.  Y es exactamente esto lo que pasa con las ejecuciones extrajudiciales. Siendo inauditables y desordenadas, estas ejecuciones conllevan errores garrafales: aplicación de criterios personales y religiosos a la hora de castigar al supuesto delincuente, venganzas personales solapadas, asesinatos camouflageados  y todo tipo de abusos.

Los grupos de “limpieza social” y las patrullas de autodefensa civil (entre otros) han demostrado incontables veces no ser una manera fiel de impartir justicia. El linchamiento de turistas inocentes a manos de una comunidad por que alguien regó la “bola” de que se trata de “una banda de gringos roba-niños” es otro triste ejemplo en nuestra Guatemala.

 Y entonces? Estamos condenados a la impunidad y la injusticia?  No habrá quizás  alguna forma objetiva  de hacer este trabajo de una manera  ordenada y mesurada?

Sí!  Se llama sistema judicial, y nos guste o no es la ÚNICA manera correcta de hacerlo! Aún con todos sus defectos y problemas, un sistema judicial robusto es el único sistema, probado a través de la historia,  que minimiza los errores y los abusos.  Es por ello que, si somos inteligentes y queremos justicia,  no tendremos de otra más que  intentar fortalecer este enclenque sistema guatemalteco... y sobre todo,  evitar debilitarlo aún más a través de ejecuciones extrajudiciales.

En Guatemala ya no nos basta con desvalorar la vida del victimario... ahora también desvaloramos la vida de la victima! Debido a la “ola de violencia” (aunque yo le llamaría tsunami... una ola constante) buscamos inconscientemente todo tipo de justificaciones  para que la pérdida de una vida sea menos valiosa.  Por ejemplo:

- "Lo mataron!  Aaaah ¡ Pero era pandillero (menos mal,  uno menos). "

- "Lo mataron! Aaaahh!  Pero era travesti!"  (Menos mal, degenerado pecador!)

 Yo me pregunto en este último caso: será que por caer dentro del concepto tradicional y moralino de "pecador" su vida vale menos?  Siente menos que Ud.? Vale menos que Ud.? 

A los cristianos me gustaría recordarles que Cristo predicó el amor al prójimo sobre todas las cosas y  jamás desvaloró la vida del "pecador" por ser pecador. Acaso no se colocó  él mismo frente a la “pecadora” para evitar su linchamiento y retó al que estuviera libre de pecado a tirar la primera piedra?  Y aquí dejo el tema religioso, porque entrar a la discusión interminable de la moralidad de las preferencias sexuales es harina de otro costal.

Marero o travesti, estudiante o trabajador. Cualquier victima de asesinato es un guatemalteco menos. Una mente irrepetible menos. Un corazón menos, capaz de sentir y hacerse sentir. Un par de manos menos, capaces de trabajar, de ayudar, de escribir, de pintar.  Un hijo menos... una esposa menos... un padre menos.

Cualquier asesinato, sea primario o por venganza,  genera un huérfano más,  una viuda más,  el inicio de una nueva sed de venganza, lo que hace crecer exponencialmente la espiral de la violencia en nuestro país.

 Y me pregunto: Cómo vamos a apagar el fuego haciendo más fuego?  En qué mente hitleriana cabe que la limpieza social será la solución a todos nuestros problemas?

Quiero aclarar que no desestimo como herramienta judicial a la pena de muerte: ésta es una herramienta legal válida, aplicada en varios países desarrollados (incluidos los que la condenan en nuestro país y nos asustan con el petate del muerto, como Estados Unidos).  Se aplica luego de un largo proceso de demostrada culpabilidad y en casos de deformación completa e irreparable de la mente del individuo.  

Pero AÚN en esta situación,  la muerte inducida de otro ser humano, si bien necesaria y justificada legalmente, debería de seguir siendo considerada lo que es: una tragedia. La deformación mental y moral irreparable de este individuo muchas veces ha sido forjada por años de terrible inequidad, falta de amor en el hogar, violaciones y otros traumas infantiles...  y la ausencia  absoluta de un estado que guíe y que dicte una cultura de consecuencias. Me atrevería a decir, que en la gran mayoría de casos, ser marero o asesino ha sido una pura cuestión de azar.  Usted y yo pudimos haber nacido allí, en ese hogar.... en ese asentamiento... en esa familia. Pudimos haber adquirido esos traumas... esas deformaciones mentales.  Nos salvamos de suerte.

En medicina está totalmente demostrado que la medicina preventiva es mucho más barata y efectiva que la curativa. Evitar los malos hábitos es la mejor manera de evitar enfermedades.  También está demostrado que algunas enfermedades sobrepasan el punto de “no retorno” y se vuelven incurables, aún cuando pudieron haber sido evitadas en un principio.  Y yo me pregunto: Por qué en justicia insistimos tanto en aplicar desmesuradamente la justicia “punitiva” e invertimos tan poco en cultura “preventiva”?

Quiero terminar este artículo lanzando  al aire las siguientes preguntas, a manera de meditación final:

-          Se atrevería Ud. a ponerle un precio a la vida humana?

-          Cuanto vale su vida, en quetzales?

-           Y cuanto vale la vida de otro guatemalteco? 

Yo le pregunto a Ud., mi estimado lector: A cuanto el marero? 

martes, 17 de enero de 2012

Qué hago con la bolsita del Tor-trix?


Ya vamos a llegar tata?

- Si mijo, aguántese un poquito que ya vamos a llegar.

La camioneta marca "Blue Bird", que en otros tiempos fuera usada como bus escolar en tierras del norte y que ahora cubre la ruta Cobán-Guatemala,  avanza rauda por la serpenteante carretera. La colorida pintura, su nombre de mujer y los bultos en redes de la parrilla la identifican inconfundiblemente como transporte extraurbano chapín.

El tubo que corona el asiento, oxidado por años de sudor de miles de manos asidas,  contrasta con el brillante latón del respaldo del asiento  maltrecho de enfrente. Contrasta también con los brillantes tubos cromados, paralelos uno al otro,  del pasamanos atornillado al techo del vehículo.  Como ya es costumbre en Guatemala, cada asiento aloja a tres pasajeros (a veces cuatro si el nene es "menudito"). Una larga doble fila de pasajeros parados nalga con nalga  se forma en el corredor.  Y es en ese corredor donde Don Reynaldo y su hijo viajan hacia la capital. Su objetivo: unirse a la manifestación del CONIC en la eterna búsqueda de igualdad en un país eternamente desigual.

La imagen nos podría parecer cotidiana a primera vista. Sin embargo es una manifestación EJEMPLAR de ejercicio cívico ciudadano:  guatemaltecos  en justa demanda, exigiendo el cumplimiento del Artículo 2, 4, 26, 28 y 33 (entre otros) de nuestra Constitución.  Ejercicio cívico ciudadano que la gran mayoría de nosotros estamos lejos de ejercer ya sea por desconocimiento o por apatía.

Lo interesante del caso es que Don Reynaldo es analfabeto.  Y aún así, en parte por imitación, en parte fruto de largas pláticas con otras personas de su comunidad, ejerce impecablemente sus derechos.

Y es aquí donde me surge la duda: Cómo podemos explicar que una persona que no puede leer la constitución la aplique muchísimo mejor que muchas personas que si podemos leerla?

La respuesta es sencilla: La ley escrita tiene poca influencia en nuestras vidas. Por otro lado, la imitación, así como  el conocimiento que otros nos comparten a diario, tienen una influencia ENORME en las decisiones que tomamos diariamente.  La mayoría de nuestras decisiones las basamos en ese "conocimiento común" y no en lo que está escrito: La manera en la que conducimos, la manera en la que nos comportamos o la manera en la que realizamos nuestro trabajo son por lo general imitaciones de lo que hemos visto hacer a otros. Las normas y leyes escritas tienen poco o nada que ver con lo que hacemos a diario. Aprendemos  por “mañas”  y por “tips” más que por reglas y por normas.

Para muestra, un botón: Cuántos artículos de la ley de tránsito puede usted  recordar en este momento?  Quizás un puñado, si tiene buena memoria. Sin embargo, es probable que (si posee carro) maneje a diario y tome cientos de decisiones diariamente mientras maneja. O cuántos artículos de la Constitución puede recordar?  (Yo tuve que revisar la constitución para numerar los pocos artículos arriba mencionados, porque  simplemente no recordaba ninguno). Cuántas directrices y procedimientos escritos de su trabajo puede recordar? Ve hacia donde voy?

La realidad es que existe un divorcio casi absoluto entre lo escrito y lo habitual. O más bien: lo escrito desaparece frente a lo cotidiano... a menos que logremos volverlo cotidiano!

Y es por ello que en lo personal estoy convencido que la creación de más leyes por parte del Congreso de la República impactará poco en nuestra realidad como país. Ya lo hemos vivido con anterioridad: leyes que en papel se ven espectaculares pero que jamás se aplican. Por lo general, seguimos haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora, a menos que "alguien" venga y nos enseñe, nos influencie o nos fuerce a hacerlo de diferente manera.  

Esa influencia se dio en Medellín, Colombia , en su famoso metro. Desde el momento en el que se concedió la licitación para su construcción, las autoridades iniciaron una campaña masiva de educación a la población acerca de la manera en la que se debían comportar en el metro. Frases sencillas como: "El metro es de todos", "Ceda el paso a los que bajan de los vagones antes de subir", "Recuerde no tirar basura, es SU Metro" repetidas continuamente a la población lograron permear en el subconsciente de la ciudadanía. Y esas frases se siguen oyendo a diario por los altoparlantes del metro día tras día. El resultado? Un metro latinoamericano cuyos pisos impecables reflejan la luz y superan por mucho en limpieza y organización a los metros del este de Estados Unidos.  Un metro sobre el cual los ciudadanos fueron educados, se involucraron y se sienten orgullosos de enseñarlo al mundo!  Y sí, también son latinoamericanos, con toda nuestra idiosincrasia.

Si queremos impactar el día a día del guatemalteco a corto plazo, no debemos de generar más leyes que lo confundan, sino educarlo en las leyes y normas ya existentes. Modificar comportamientos y actitudes comunes.

 Debemos apostar a este tipo de educación "informal"  pues es la que influye realmente en las decisiones cotidianas que tomamos en segundos:  Me cruzo el rojo? Compro la factura? Me meto a este negocito que se ve algo turbio? Declaro este producto? Qué hago con la bolsita vacía del "Tor-trix"?

Ahora bien: cómo podemos implementar  e institucionalizar esta educación informal? A mi me gusta fantasear con un Ministerio de Conducta Cívica que se encargue de ello.

"Un Ministerio de Conducta Cívica?!?"" Podría estar pensando usted en este momento. "Qué papel podría tener algo así!?"

Un ministerio como el propuesto se encargaría de campañas masivas de educación ciudadana en cuanto a múltiples temas: derechos y responsabilidades ciudadanas, normas ,leyes y conducta poblacional en general.
"Y acaso esto no sería  parte de las atribuciones del Ministerio de Educación?" Podría usted preguntarse.
Yo considero que no. Este ministerio iría mucho más allá... y por varias razones.

Primero: Este ministerio (a diferencia del Ministerio de Educación) se  centraría sobre todo en personas adultas, aún cuando influiría de manera secundaria en la niñez (y mucho! pues ellos aprenden imitando a sus padres).

Segundo: Sería un ministerio que, mediante técnicas de mercadeo y  psicología, permearía en el subconsciente de la población un conjunto de mensajes positivos sencillos sobre la conducta legal y  responsabilidad cívica.

Tercero:  Sería un ministerio con una base científica, por lo que debería indagar profundamente (mediante encuestas, foros de discusión, etc.) en  la psicología guatemalteca y cuál es la mejor manera de impactarla. Cada población es única y no podemos importar todas las técnicas extranjeras pues muchas no funcionarían. Debemos diseñar las propias.

Cuarto: Sería un ministerio que, mediante la interacción y planificación estratégica con otros ministerios, alcaldías y otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales,  diseñaría un programa  sobre las conductas repetitivas más nocivas de nuestra población, así como la manera de modificarlas.

El ministerio de conducta cívica tendría bases científicas, psicológicas y éticas, además de contar con una asesoría legal constante. Sería un ministerio multidisciplinario y tendría efectos casi inmediatos en la conducta de las personas y por tanto, en la manera en la que el ciudadano común percibe la sociedad y actúa dentro de ella.

Un ministerio así daría espacio para aplicar toda nuestra creatividad chapina (mensajes auditivos atractivos y muy chapines, posters educativos en las vías públicas, calcomanías en las aceras, etc.). Así mismo, daría espacio laboral a científicos de altura en nuestra sociedad (psicólogos, sociólogos, investigadores), evitando así la fuga de cerebros.

En el momento histórico en el que nos encontramos, con un cambio de gobierno y la creación de un ministerio de desarrollo social, y con la alta expectativa en un cambio real y tangible, podría ser el momento idóneo para comenzar a invertir en la "materia prima" de esta sociedad:  la conducta diaria del ciudadano de hoy. Esta podría ser la palanca que nos transforme como sociedad.

Seguramente habría mucha tela que cortar y muchas modificaciones que hacerle a esta burda idea. Pero una cosa es cierta: Guatemala necesita de más objetividad y menos dogma. Más ciencia y menos política. Lo que necesitamos son resultados... y pronto!

"Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados"-Albert Einstein