sábado, 19 de enero de 2013

Ayudar por egoísmo



Ayudo porque soy egoísta. Si, oyó usted bien. Me gusta ayudar a la gente porque solo estoy interesado en mi mismo y en mi bienestar.

"Cómo así?" Dirá usted. "Y este loco, que insecto le picó?".

Pues mire usted, lo que digo tiene toda la lógica del mundo... aunque a primera vista no parezca.

Mire pues. Siéntese, le cuento:

 Mire a tooooda la gente allí en el parque central. La ve? Mire que montón son. Mire cuantos son! Y todos bien pobres. Todos bien fregados.

Y uno se pregunta:

- Pero …por qué no salen adelante!?!?!
- Por qué no le hacen ganitas?

- Por qué?  Si yo si pude? 

 
Ya van siglos y siglos y no salen usted! No hay modo!

- Será por huevonazos?...
- Será por masoquistas?..

- POR QUEEEE!?!

Pues la verdad es que he últimamente he empezado a sospechar que esa gente no sale adelante simplemente... porque no pueden solos, pues!

Hay ALGO que los frena! Tiene que haber algo! Ya sea por desnutridos, poco educados o por falta de visión... NO PUEDEN! Allí siguen, dando vueltas en círculos. Intentando, pero no hay modo! Inefectivísimos usted.
Y como no pueden, como no saben hacer nada, como andan como azurumbados,  ni saben inglés, ni estudian nada en la U, ni saben de administración, ni de computación, ni de eficiencia, pues no consiguen buenos empleos (si es que tienen la suerte de conseguir ALGÚN empleo.)  

Y pues usted sabe... el desempleo genera pobreza...
Y la pobreza genera desigualdad...

Y la desigualdad genera delincuencia...
Y la delincuencia genera violencia...

Y la violencia puede afectarme a mí y a mi familia!!! Que deapetate! Sale uno manchado! Imagínese usted! Y uno, tan trabajador!   Tan chambeador!

Pero mire, yo, la meritita verdad, no quiero migrar de país. De verdad!  Me gusta vivir aquí. Aquí nací. Aquí está mi familia... mis raíces... y mis volcanes.

Y mire, la mera verdad es que me gustaría poder caminar por las calles de mi país con mi laptop como lo hago cuando viajo a las Europas. Se imagina que bonito? Tomar fotos aquí en el Parque Central sin que me hueveen la camarota.  Ir a acampar al Volcán de Agua con mis hijas y mi mujer sin miedo a que me las violen. Ya sabe, esas cosas bonitas que hace uno en Europa.

Y viera usted:  Cóooomo me gustaría poder contar con un transporte público como el de allá! No tener que andar buscando parqueos, ni con miedo que me asalten, ni polarizando los vidrios,  ni lidiar con el tráfico! Se imagina que shico?

Pero para eso se necesitaría que toda la gente en Guatemala se eduque... y se desarrolle. Se necesitaría que toda esta gente tenga visión, primero que todo. Que tenga oportunidades de empleo formal y salarios dignos. Que aquí en Guatemala no se trate solamente  de “la ley del más fuerte”. En esa ley ellos SIEMPRE van a perder... pero no por eso son menos numerosos ni desaparecen, verdad?

Imagínese, educados podrían organizarse y exigir calidad en el transporte público... O mejor aún, educarse e involucrarse en política! Pero como no se desarrollan y no generan, pues ni modo. Se conforman con el transporte público que sea, con tal de no pagar más que un par de quetzalitos. Y obvio que ninguno de nosotros, los que tenemos educación y carro,  nos vamos a ir a meter a peleas legales para mejorar el transporte público... si ni lo usamos!

 El problema no es esa gente usted , sino que esa gente no tiene ni las oportunidades ni la visión. Y nadie les da ninguna de las dos!  Y, del cielo no les van a caer, verdad? Insisto... si pudieran salir adelante, ya lo hubieran hecho! Ya les dimos tiempo y nada!
Y esa falta de desarrollo que padecen me afecta A MI! Afecta MI CALIDAD DE VIDA... Afecta a MI FAMILIA... Afecta MI País!

Ese cuento de que uno se puede desarrollar solito es mentira usted... de veras!  Ese cuento neoliberalista de que hay que velar por uno mismo y solamente por uno mismo para que todos estemos bien es pura mentira usted. Mire como estamos?!?! Los pobres cada vez mas pobres y los ricos cada vez mas ricos... y más amargados todos... Más jodidos todos.. Más encerrados todos.. 
Sabe que pasa? Lo que pasa es que el desarrollo individual  que tanto nos predican es puro espejismo!

De que me sirve ganar cada vez más si soy preso en mi propio país? Si tengo que andar escondido tras las rejas de mi condominio y de los centros comerciales? 
De que me sirve mi súper Land Rover si pasa parquedada entre el tráfico, porque TODOS andamos en carro en vez de tener buen transporte público?

Ya vio como el desarrollo individual es puro espejismo?   El desarrollo individual solo lleva desigualdad... y la desigualdad ha creado violencia y delincuencia. El desarrollo debería ser grupal (obvio, con el esfuerzo de todos)  para que no haya delincuencia, y así  haya calidad de vida. Desarrollo sin calidad de vida no es desarrollo usted. Para nada! Y esto que estamos viviendo en estos dorados tiempos ya no es calidad de vida!  Es decir, es imposible llamarlo desarrollo. Vió?

Si usted viera, allá en las Europas la gente de pisto ni carro tiene. No lo necesitan. Y viera que bien viven y cuanto ahorran! Allá "desarrollo" no es tener carro propio sino buen transporte público!
Es por eso que peleo porque todos ellos tengan mejor educación... Es por eso que peleo porque tengan mejor nutrición... más oportunidades de empleo y que estos empleos no sean pseudoescalvitud sino que den salarios dignos y les permitan desarrollarse. Es por eso que me interesan las políticas públicas de mi país. Es por eso que ayudo en todo lo que sea desarrollo para los demás. Es por eso que me involucro.
 
Porque quiero MÍ bienestar. Por que quiero MI beneficio. Porque soy e.go.ís.ta.

 Si, egoísta... pero no estúpido.

martes, 28 de febrero de 2012

Placer Clandestino


-"Es por allí, pero no le diga a nadie que yo le dije"

- "Muchas gracias!" acerté a decir rápidamente mientras apuraba el paso,  adentrándome cada vez más en ese oscuro y húmedo callejón.

Mientras camino, siento como el corazón, pesado como plomo, golpea rítmica y aceleradamente mi pecho. El aire parece no ser suficiente, a pesar que realmente no estoy haciendo un gran esfuerzo físico. "Será la angustia?"  pienso para mis adentros. "Maldita dependencia, lo que me haces hacer!"

Finalmente llego al lugar indicado: Un antiguo hotel que quebró hace más de 10 años. Está descuidado y descolorido. Cristales rotos son remendados con tablas y las pintarrajeadas paredes están cubiertas por un desagradable moho verde-oscuro. Sin embargo, parece tener la infraestructura adecuada y eso es lo importante.

Me acerco a la puerta y dudo por un momento en tocar. Vuelvo la mirada y solo veo la perspectiva inversa del callejón en el que me aventuré a caminar minutos atrás. Ni un alma... ni un perro... ni siquiera la enigmática persona quien me orientara minutos antes y que desapareciera casi por arte de magia.
Reconfortado por la falta absoluta de testigos, toco la puerta: dos golpeteos rápidos, tres golpes cortos y finalmente tres golpeteos rápidos finales.

Me alejo dos pasos mientras volteo la cabeza a ambos lados, buscando las probables rutas de huída, pero afortunadamente el escape no es necesario. La persona que abre la puerta es exactamente como me la describieron: mujer de aproximadamente 60 años de edad, pelo liso teñido de rubio, tez morena y complexión robusta. Rápidamente hago la seña secreta que me enviaran por “mensajito” al celular (el índice, medio y anular de mi mano izquierda  extendidos sobre mi palma derecha a manera de un tridente invertido).  La señora esboza un conato de sonrisa, voltea la cabeza para espiar ambos lados del callejón y mediante señas me invita a pasar adelante.

- "Es nuevo por aquí", me pregunta con un tono que percibo casi maternal.

- "Sí" respondo secamente, un poco ofendido por la intromisión personal, dada la culposa situación. "Solía ir al lugar de la 8ava avenida, hasta que fue allanado".

- "Lo supe", responde. "Una verdadera lástima, seguramente no pudieron controlar el olor. Es realmente difícil hacerlo!".

Me sorprende la sinceridad en las palabras de la “doñita”, sobre todo porque estamos hablando de su competencia. Sin embargo no tengo tiempo para pensar mucho en el asunto, pues al momento la doña  abre una puerta doble totalmente hermética, similar a las usadas en los aislamientos de los hospitales.

- "Es aquí", me dice mientras extiende la mano hacia mí, en señal de cobro. 

- "Muchas gracias" murmullo mientras le doy apresuradamente los $500 y me interno en el lugar.

Atravieso la segunda puerta de seguridad y entro al recinto. El lugar no impresiona, todos son iguales: grandes bodegas mal alumbradas y herméticas readecuadas con  una cocineta central. El resto del lugar esta cubierto por pequeñas mesas plásticas en donde los comensales, agachados y escondidos entre sus hombros, ingieren todo tipo de "alimento restringido": pollo frito, hamburguesas repletas de mayonesa y grasas saturadas, pizza, papas fritas, gaseosas con la carga original de azucares, etc.

Me dirijo rápidamente a la cocineta de este "buffet ilegal" y me sirvo cuanto alimento puedo en un pequeño plato desechable, para dirigirme luego a la mesa más cercana que encuentro.  Frente a mí un hombre de mediana edad, ataviado con un traje de diseñador y una corbata cara, come (como el resto) protegido por la penumbra.

- "Vaya traje! Hasta pareciera funcionario del gobierno!", pienso mientras me siento, empujando con la mano algunos vasos desechables sucios y usados que se encontraban sobre la silla que me dispongo a usar. Es normal que las personas salgan corriendo de lugares como éstos luego de comer, dejando tirados tras de sí los platos y vasos usados, evidencia del delito. Me sobresalto cuando mis pensamientos son interrumpidos por la voz ronca y educada del señor del traje elegante:

-"Usted seguramente es nuevo por aquí".

- "S-s-sí... cómo lo sabe?" Pregunto asustado.

- "Por lo general nadie se sienta frente a mí en esta mesa, ya sabe, por mi aspecto.", me responde sin levantar la mirada de su plato en ningún momento (no ver jamás a alguien directamente a los ojos es  un código implícito aquí). El hombre prosigue:

- "Es increíble a lo que hemos llegado, no cree?".

-  "Supongo..." acierto a decir.

- "Aún recuerdo cómo se realizó todo el proceso. Fue lentamente, tan lentamente que ninguno de nosotros si quiera imaginamos a lo que llegaríamos con la implementación de las regulaciones iniciales".

- "Trabajaba usted en el gobierno cuando se impuso la prohibición!?!?"" Pregunto asombrado, para luego arrepentirme de una pregunta tan personal en un lugar como éste.

- "Aún trabajo allí, pero descuide", me responde calmadamente, al notar mi aflicción por la pregunta tan inadecuada. "En estos lugares todos somos iguales y a nadie le interesa que se sepa afuera que uno estuvo aquí. Así que nadie puede culpar a nadie sin inculparse a sí mismo. Además, la penumbra ayuda mucho a proteger el anonimato."

Relajado por una contestación tan sincera y audaz, me quedo en el lugar mucho más tiempo del que acostumbro, oyendo interesadísimo toda la historia de la prohibición desde el inicio.

El sujeto era un verdadero experto y seguramente trabajaba en alguno de los departamentos directamente involucrados en la prohibición de la comida chatarra. Me contó cómo no habíamos aprendido nada de la historia. Me contó cómo la prohibición del alcohol en Estados Unidos a principios del siglo XX elevó el precio del whiskey a niveles exorbitantes, inundando de dinero (y de poder) a los que contrabandeaban el líquido: la mafia italiana. El índice de violencia aumentó de manera exorbitante y paralela a la prohibición: balaceras con armas automáticas en lugares públicos, pérdida total del respeto a la vida y asesinatos cada vez con más saña y crueldad (exactamente igual al narcotráfico posterior).  Todo ello terminó con la legalización del alcohol años después.  La caída en su precio atacó a la “empresa gánster” en donde se debe atacar a cualquier empresa para destruirla, en el bolsillo. Si bien es cierto que la mafia migró a otros negocios, el daño fue severo y tardaron años en recuperarse, pero jamás del todo. TODA empresa es proclive a la quiebra...

Posteriormente la prohibición de la droga tuvo el mismo efecto, volviéndose un negocio increíblemente rentable. A principios del siglo XXI se inició un debate sobre la despenalización de la misma en Latinoamérica, pero pudo más el paternalismo gubernamental, la pseudomoral ciudadana y los intereses de Estados Unidos  que los hechos históricos. Finalmente la droga continuó siendo ilegal. Y con su ilegalidad continuó el respectivo baño de sangre que conlleva el movimiento de millones de dólares en un ambiente clandestino.

- "Sabía usted que el 45% de las muertes en Centroamérica son causadas por el tráfico de drogas y no por su consumo?" me preguntó el hombre notoriamente consternado.  "Cuarenta y cinco por ciento!!  Eso es más de 100 veces las muertes causadas por drogadicción en la misma región! Definitivamente  no hemos enfocado adecuadamente el asunto: la supuesta “cura” que ideamos  en contra de las drogas es cien veces peor  que la enfermedad!"

Finalmente, el hombre del traje me contó cómo inició la última “gran invención” de la humanidad: la guerra contra la comida chatarra: Inicialmente se impulsaron regulaciones en la venta de la comida chatarra, al hacerse públicos estudios  a gran escala en los que se relacionaban el consumo de este tipo de comidas y las enfermedades cardiovasculares (angina, hipertensión, infartos, derrames, etc.). El impacto de este tipo de comidas  en el gasto público en salud era altísimo! Finalmente las regulaciones cada vez más estrictas en este tipo de comida dieron lugar a la prohibición total de la misma.  Pero, a pesar de ser una comida prohibida,  los ciudadanos no dejarían fácilmente el hábito de comerla. Por tanto los mismos ciudadanos aumentaron la producción de comida chatarra en su casa.

Para contrarrestar esta tendencia, el gobierno implementó fuertes regulaciones en cuanto a la cantidad de "precursores" de comida chatarra que un ciudadano podía adquirir: aceites y mantecas ricos en grasas saturadas eran vendidos de manera regulada y en cantidades minúsculas para evitar el exceso en su consumo. Por supuesto, esto conllevó al contrabando de dichas sustancias, las cuales para ese entonces habían elevado su precio de manera exponencial. Así se  generó una nueva ola de violencia, similar a la vista con el contrabando de alcohol a principios del siglo XX o el contrabando de drogas a principios del siglo XXI. Al final, esto promovió la proliferación de los "comedores clandestinos" donde se puede consumir este tipo de alimentos sin tener que lidiar con conseguir todos los ingredientes. Obviamente, el precio de  alimentos preparados con ingredientes clandestinos es altísimo.

- "Me parecen tan lejanos  aquellos tiempos cuando un payaso del traje amarillo y  pelo rojo promovía impunemente el consumo de este tipo de alimentos" se asombraba el hombre del traje. "Existían incluso menús especiales para niños! Puede imaginarlo?! Especiales para NIÑOS!!!"

El hombre aseguraba que había hecho números y que con menos del 10% de lo invertido en la guerra contra las drogas y la comida chatarra se podría haber implementado planes  de ejercicio físico y  educación preventiva de primera,  planes que harían innecesarias estas dos guerras “punitivas”,  pues se habría triunfado en el plano preventivo .

- "Pero para los gobiernos siempre ha sido más fácil prohibir que educar” sentenció. “Parecen ignorar voluntariamente que las prohibiciones solo aumentan la tentación (y el precio!) y no ataca el problema de raíz".

Luego el hombre exclamó una frase que aún me hace pensar:

"Lo que debería ser ilegal es la falta de educación preventiva... Lo que debería ser ilegal es la inequidad de oportunidades en países en desarrollo...  Allí está la raíz del problema!  Allí está la tierra fértil para la delincuencia. El tráfico de drogas y de comida chatarra es solo un síntoma de algo mayor, no es la enfermedad en sí..." Sentenció.

Agradecido por la plática, me disponía a retirarme mientras intercambiábamos unas palabras finales sobre cómo el sida había tomado un lugar preponderante como causa de mortalidad de los países desarrollados (al disminuir las enfermedades cardiovasculares).

-"Solo falta que quieran prohibir el sexo" me aventuré a bromear mientras me levantaba de la mesa dejando allí el plato del que acababa de comer.

Por primera vez el hombre del traje levantó su mirada y viéndome directamente a los ojos, replicó:

- Hijo, será mejor que se siente. Necesito contarle algo más... 

martes, 31 de enero de 2012

A cuánto el marero?


- "Disculpe la molestia: No me regala una pajillita, si no fuera mucha molestia?"

-  "Con mucho gusto", replica la chica tras el mostrador, con su peinado impecable en cola y una visera roja que hace combinación perfecta con su camisa.

- "Le puedo ayudar en algo más?"

- "No, muchas gracias! Pase feliz tarde"

- "Feliz tarde para usted"

Me alejo de la caja, con una bandeja llena grasas saturadas, carbohidratos, sodio...  y la sonrisa retorcida y pecaminosa de quien se atracará de calorías por Q34.00

 Mientras camino hacia mi mesa, no puedo dejar de pensar en la amable atención al cliente que recibimos en Guatemala  (y que muchas veces tomamos por contado), la que contrasta violentamente con la atención recibida en la misma cadena de restaurantes en otros países como EEUU y Panamá. Guatemala tiene POR MUCHO el mejor servicio al cliente en este tipo de restaurantes!  

-“Que amable y bueno es el guatemalteco!”, pienso para mis adentros.

Mientras paso al lado de la ketchup busco sin éxito un ejemplar de Prensa Libre o Siglo XXI, sin éxito. 

-" Si tan solo hubiera un ejemplar, aunque sea de Nuestro Diario".

(He de confesar que soy adicto a leer mientras como, sobre todo a leer publicaciones nacionales cuando ingiero comida rápida.)

-" Bueno, al menos traigo mi celular, y ahora que tiene "feisbuck", me entretendrá. "

Como si no fueran suficientemente adictivas las redes sociales, recluidas en nuestras computadoras, ahora las benditas networks nos siguen al lugar que vayamos. En cualquier lugar y cualquier momento estamos a tan solo un botón de todos nuestros amigos.  Me pregunto: Desde qué lugares, comunes  y exóticos, públicos y privados, mis amigos habrán husmeado mi perfil?

Finalmente encuentro un lugar disponible  y me siento, muy contento de vivir en la amable Guate, además de haber encontrado  una mesa "de las grandes" y así darme el placer de contar con espacio ilimitado para mi “hamburguesita", mis "papitas" y mi "aguita”.

Enciendo el famoso aparatejo, para entretenerme mientras engordo en silencio y comienzo a navegar a través de notificaciones tanto de amigos como de medios de comunicación.  No me toma más de un par de teclazos  el encontrarme con una de las noticias más comunes en nuestro país:

... "Localizan dos cadáveres en la zona 1 de Mixco. Ambos cadáveres se encontraban en estado de putrefacción, desmembrados dentro de bolsas negras de nylon"...

Mi ceño se frunce y el malestar propio de una noticia así me invade. A pesar de años de lo mismo, aún no me acostumbro a semejante salvajismo... y espero no acostumbrarme jamás!  Es imposible no deducir que en Guatemala la vida simplemente no vale nada.  Ese es nuestro problema.

La noticia me impresiona, pero dicha impresión queda corta comparada con la impresión que me causa leer los comentarios de decenas de "amables guatemaltecos" que han leído la noticia antes que yo: guatemaltecos cotidianos, como la amable chica que me entregó mis papitas fritas. A continuación transcribo algunos  de los comentarios:

-"Exterminen a los mareros!"

- "Por mí que los ejecuten a todos!"

- " Hay que aprender de Honduras: fingir un incendio y quemar todas las cárceles".

- "Dios nos ampare! Estos demonios existirán mientras no retornemos a Dios".

- “Denles aguas, pero ya!”

Sigo explorando los comentarios, encontrándome dos comentarios exigiendo "limpieza social" por cada tres comentarios  que leo.  Estos comentarios provienen de todo tipo de guatemaltecos: Hombres y mujeres, adolescentes y adultos, profesionales y no profesionales...   Cada comentario viene acompañado por la foto del comentarista: imágenes de guatemaltecos comunes y corrientes, algunos presentan iconos religiosos en sus perfiles, otros acompañados de sus hijos.

Aún cuando es natural esta reacción visceral de venganza por parte dela comunidad, no deja de impresionarme.

“Cómo es posible que hayamos llegado al extremo en el que la gran mayoría de  guatemaltecos somos “asesinos en potencia”? (O al menos, asesinos intelectuales, pues muchos darían con gusto la orden para realizar una limpieza social en las cárceles y presidios).

La pregunta lógica a responder para resolver mi pregunta anterior sería:

- Qué tanta diferencia existe entre el guatemalteco que desvalora la vida del marero con respecto al  marero que desvalora la vida de su victima?

Sé que esta pregunta podrá ofender a muchos:        

  "Es que yo solo estoy pidiendo justicia!", replicarán.
-           "Es que ellos mataron primero!"
-           "Es que el sistema judicial en Guatemala no sirve!"
-           "Es que...", "Es que..."

Quiero aclarar que a mí también me da una rabia casi incontenible leer con impotencia que los asesinos  y los violadores se pasean por nuestra ciudad, haciendo lo que les viene en gana.  Sin embargo, debemos preguntarnos: Desvalorar aún más el ya devaluado concepto de vida, a través de ejecuciones extrajudiciales, es la respuesta a nuestros problemas?  No habíamos identificado que el problema es que “la vida no vale nada en Guatemala”, pues?

"Proceso que no se audita se corrompe". Esta máxima es en extremo aplicable a Guatemala.  Y es exactamente esto lo que pasa con las ejecuciones extrajudiciales. Siendo inauditables y desordenadas, estas ejecuciones conllevan errores garrafales: aplicación de criterios personales y religiosos a la hora de castigar al supuesto delincuente, venganzas personales solapadas, asesinatos camouflageados  y todo tipo de abusos.

Los grupos de “limpieza social” y las patrullas de autodefensa civil (entre otros) han demostrado incontables veces no ser una manera fiel de impartir justicia. El linchamiento de turistas inocentes a manos de una comunidad por que alguien regó la “bola” de que se trata de “una banda de gringos roba-niños” es otro triste ejemplo en nuestra Guatemala.

 Y entonces? Estamos condenados a la impunidad y la injusticia?  No habrá quizás  alguna forma objetiva  de hacer este trabajo de una manera  ordenada y mesurada?

Sí!  Se llama sistema judicial, y nos guste o no es la ÚNICA manera correcta de hacerlo! Aún con todos sus defectos y problemas, un sistema judicial robusto es el único sistema, probado a través de la historia,  que minimiza los errores y los abusos.  Es por ello que, si somos inteligentes y queremos justicia,  no tendremos de otra más que  intentar fortalecer este enclenque sistema guatemalteco... y sobre todo,  evitar debilitarlo aún más a través de ejecuciones extrajudiciales.

En Guatemala ya no nos basta con desvalorar la vida del victimario... ahora también desvaloramos la vida de la victima! Debido a la “ola de violencia” (aunque yo le llamaría tsunami... una ola constante) buscamos inconscientemente todo tipo de justificaciones  para que la pérdida de una vida sea menos valiosa.  Por ejemplo:

- "Lo mataron!  Aaaah ¡ Pero era pandillero (menos mal,  uno menos). "

- "Lo mataron! Aaaahh!  Pero era travesti!"  (Menos mal, degenerado pecador!)

 Yo me pregunto en este último caso: será que por caer dentro del concepto tradicional y moralino de "pecador" su vida vale menos?  Siente menos que Ud.? Vale menos que Ud.? 

A los cristianos me gustaría recordarles que Cristo predicó el amor al prójimo sobre todas las cosas y  jamás desvaloró la vida del "pecador" por ser pecador. Acaso no se colocó  él mismo frente a la “pecadora” para evitar su linchamiento y retó al que estuviera libre de pecado a tirar la primera piedra?  Y aquí dejo el tema religioso, porque entrar a la discusión interminable de la moralidad de las preferencias sexuales es harina de otro costal.

Marero o travesti, estudiante o trabajador. Cualquier victima de asesinato es un guatemalteco menos. Una mente irrepetible menos. Un corazón menos, capaz de sentir y hacerse sentir. Un par de manos menos, capaces de trabajar, de ayudar, de escribir, de pintar.  Un hijo menos... una esposa menos... un padre menos.

Cualquier asesinato, sea primario o por venganza,  genera un huérfano más,  una viuda más,  el inicio de una nueva sed de venganza, lo que hace crecer exponencialmente la espiral de la violencia en nuestro país.

 Y me pregunto: Cómo vamos a apagar el fuego haciendo más fuego?  En qué mente hitleriana cabe que la limpieza social será la solución a todos nuestros problemas?

Quiero aclarar que no desestimo como herramienta judicial a la pena de muerte: ésta es una herramienta legal válida, aplicada en varios países desarrollados (incluidos los que la condenan en nuestro país y nos asustan con el petate del muerto, como Estados Unidos).  Se aplica luego de un largo proceso de demostrada culpabilidad y en casos de deformación completa e irreparable de la mente del individuo.  

Pero AÚN en esta situación,  la muerte inducida de otro ser humano, si bien necesaria y justificada legalmente, debería de seguir siendo considerada lo que es: una tragedia. La deformación mental y moral irreparable de este individuo muchas veces ha sido forjada por años de terrible inequidad, falta de amor en el hogar, violaciones y otros traumas infantiles...  y la ausencia  absoluta de un estado que guíe y que dicte una cultura de consecuencias. Me atrevería a decir, que en la gran mayoría de casos, ser marero o asesino ha sido una pura cuestión de azar.  Usted y yo pudimos haber nacido allí, en ese hogar.... en ese asentamiento... en esa familia. Pudimos haber adquirido esos traumas... esas deformaciones mentales.  Nos salvamos de suerte.

En medicina está totalmente demostrado que la medicina preventiva es mucho más barata y efectiva que la curativa. Evitar los malos hábitos es la mejor manera de evitar enfermedades.  También está demostrado que algunas enfermedades sobrepasan el punto de “no retorno” y se vuelven incurables, aún cuando pudieron haber sido evitadas en un principio.  Y yo me pregunto: Por qué en justicia insistimos tanto en aplicar desmesuradamente la justicia “punitiva” e invertimos tan poco en cultura “preventiva”?

Quiero terminar este artículo lanzando  al aire las siguientes preguntas, a manera de meditación final:

-          Se atrevería Ud. a ponerle un precio a la vida humana?

-          Cuanto vale su vida, en quetzales?

-           Y cuanto vale la vida de otro guatemalteco? 

Yo le pregunto a Ud., mi estimado lector: A cuanto el marero? 

martes, 17 de enero de 2012

Qué hago con la bolsita del Tor-trix?


Ya vamos a llegar tata?

- Si mijo, aguántese un poquito que ya vamos a llegar.

La camioneta marca "Blue Bird", que en otros tiempos fuera usada como bus escolar en tierras del norte y que ahora cubre la ruta Cobán-Guatemala,  avanza rauda por la serpenteante carretera. La colorida pintura, su nombre de mujer y los bultos en redes de la parrilla la identifican inconfundiblemente como transporte extraurbano chapín.

El tubo que corona el asiento, oxidado por años de sudor de miles de manos asidas,  contrasta con el brillante latón del respaldo del asiento  maltrecho de enfrente. Contrasta también con los brillantes tubos cromados, paralelos uno al otro,  del pasamanos atornillado al techo del vehículo.  Como ya es costumbre en Guatemala, cada asiento aloja a tres pasajeros (a veces cuatro si el nene es "menudito"). Una larga doble fila de pasajeros parados nalga con nalga  se forma en el corredor.  Y es en ese corredor donde Don Reynaldo y su hijo viajan hacia la capital. Su objetivo: unirse a la manifestación del CONIC en la eterna búsqueda de igualdad en un país eternamente desigual.

La imagen nos podría parecer cotidiana a primera vista. Sin embargo es una manifestación EJEMPLAR de ejercicio cívico ciudadano:  guatemaltecos  en justa demanda, exigiendo el cumplimiento del Artículo 2, 4, 26, 28 y 33 (entre otros) de nuestra Constitución.  Ejercicio cívico ciudadano que la gran mayoría de nosotros estamos lejos de ejercer ya sea por desconocimiento o por apatía.

Lo interesante del caso es que Don Reynaldo es analfabeto.  Y aún así, en parte por imitación, en parte fruto de largas pláticas con otras personas de su comunidad, ejerce impecablemente sus derechos.

Y es aquí donde me surge la duda: Cómo podemos explicar que una persona que no puede leer la constitución la aplique muchísimo mejor que muchas personas que si podemos leerla?

La respuesta es sencilla: La ley escrita tiene poca influencia en nuestras vidas. Por otro lado, la imitación, así como  el conocimiento que otros nos comparten a diario, tienen una influencia ENORME en las decisiones que tomamos diariamente.  La mayoría de nuestras decisiones las basamos en ese "conocimiento común" y no en lo que está escrito: La manera en la que conducimos, la manera en la que nos comportamos o la manera en la que realizamos nuestro trabajo son por lo general imitaciones de lo que hemos visto hacer a otros. Las normas y leyes escritas tienen poco o nada que ver con lo que hacemos a diario. Aprendemos  por “mañas”  y por “tips” más que por reglas y por normas.

Para muestra, un botón: Cuántos artículos de la ley de tránsito puede usted  recordar en este momento?  Quizás un puñado, si tiene buena memoria. Sin embargo, es probable que (si posee carro) maneje a diario y tome cientos de decisiones diariamente mientras maneja. O cuántos artículos de la Constitución puede recordar?  (Yo tuve que revisar la constitución para numerar los pocos artículos arriba mencionados, porque  simplemente no recordaba ninguno). Cuántas directrices y procedimientos escritos de su trabajo puede recordar? Ve hacia donde voy?

La realidad es que existe un divorcio casi absoluto entre lo escrito y lo habitual. O más bien: lo escrito desaparece frente a lo cotidiano... a menos que logremos volverlo cotidiano!

Y es por ello que en lo personal estoy convencido que la creación de más leyes por parte del Congreso de la República impactará poco en nuestra realidad como país. Ya lo hemos vivido con anterioridad: leyes que en papel se ven espectaculares pero que jamás se aplican. Por lo general, seguimos haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora, a menos que "alguien" venga y nos enseñe, nos influencie o nos fuerce a hacerlo de diferente manera.  

Esa influencia se dio en Medellín, Colombia , en su famoso metro. Desde el momento en el que se concedió la licitación para su construcción, las autoridades iniciaron una campaña masiva de educación a la población acerca de la manera en la que se debían comportar en el metro. Frases sencillas como: "El metro es de todos", "Ceda el paso a los que bajan de los vagones antes de subir", "Recuerde no tirar basura, es SU Metro" repetidas continuamente a la población lograron permear en el subconsciente de la ciudadanía. Y esas frases se siguen oyendo a diario por los altoparlantes del metro día tras día. El resultado? Un metro latinoamericano cuyos pisos impecables reflejan la luz y superan por mucho en limpieza y organización a los metros del este de Estados Unidos.  Un metro sobre el cual los ciudadanos fueron educados, se involucraron y se sienten orgullosos de enseñarlo al mundo!  Y sí, también son latinoamericanos, con toda nuestra idiosincrasia.

Si queremos impactar el día a día del guatemalteco a corto plazo, no debemos de generar más leyes que lo confundan, sino educarlo en las leyes y normas ya existentes. Modificar comportamientos y actitudes comunes.

 Debemos apostar a este tipo de educación "informal"  pues es la que influye realmente en las decisiones cotidianas que tomamos en segundos:  Me cruzo el rojo? Compro la factura? Me meto a este negocito que se ve algo turbio? Declaro este producto? Qué hago con la bolsita vacía del "Tor-trix"?

Ahora bien: cómo podemos implementar  e institucionalizar esta educación informal? A mi me gusta fantasear con un Ministerio de Conducta Cívica que se encargue de ello.

"Un Ministerio de Conducta Cívica?!?"" Podría estar pensando usted en este momento. "Qué papel podría tener algo así!?"

Un ministerio como el propuesto se encargaría de campañas masivas de educación ciudadana en cuanto a múltiples temas: derechos y responsabilidades ciudadanas, normas ,leyes y conducta poblacional en general.
"Y acaso esto no sería  parte de las atribuciones del Ministerio de Educación?" Podría usted preguntarse.
Yo considero que no. Este ministerio iría mucho más allá... y por varias razones.

Primero: Este ministerio (a diferencia del Ministerio de Educación) se  centraría sobre todo en personas adultas, aún cuando influiría de manera secundaria en la niñez (y mucho! pues ellos aprenden imitando a sus padres).

Segundo: Sería un ministerio que, mediante técnicas de mercadeo y  psicología, permearía en el subconsciente de la población un conjunto de mensajes positivos sencillos sobre la conducta legal y  responsabilidad cívica.

Tercero:  Sería un ministerio con una base científica, por lo que debería indagar profundamente (mediante encuestas, foros de discusión, etc.) en  la psicología guatemalteca y cuál es la mejor manera de impactarla. Cada población es única y no podemos importar todas las técnicas extranjeras pues muchas no funcionarían. Debemos diseñar las propias.

Cuarto: Sería un ministerio que, mediante la interacción y planificación estratégica con otros ministerios, alcaldías y otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales,  diseñaría un programa  sobre las conductas repetitivas más nocivas de nuestra población, así como la manera de modificarlas.

El ministerio de conducta cívica tendría bases científicas, psicológicas y éticas, además de contar con una asesoría legal constante. Sería un ministerio multidisciplinario y tendría efectos casi inmediatos en la conducta de las personas y por tanto, en la manera en la que el ciudadano común percibe la sociedad y actúa dentro de ella.

Un ministerio así daría espacio para aplicar toda nuestra creatividad chapina (mensajes auditivos atractivos y muy chapines, posters educativos en las vías públicas, calcomanías en las aceras, etc.). Así mismo, daría espacio laboral a científicos de altura en nuestra sociedad (psicólogos, sociólogos, investigadores), evitando así la fuga de cerebros.

En el momento histórico en el que nos encontramos, con un cambio de gobierno y la creación de un ministerio de desarrollo social, y con la alta expectativa en un cambio real y tangible, podría ser el momento idóneo para comenzar a invertir en la "materia prima" de esta sociedad:  la conducta diaria del ciudadano de hoy. Esta podría ser la palanca que nos transforme como sociedad.

Seguramente habría mucha tela que cortar y muchas modificaciones que hacerle a esta burda idea. Pero una cosa es cierta: Guatemala necesita de más objetividad y menos dogma. Más ciencia y menos política. Lo que necesitamos son resultados... y pronto!

"Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados"-Albert Einstein

jueves, 22 de diciembre de 2011

Juan y Yo


Yo no pedí nacer... Juan tampoco.

Yo no escogí en qué familia nacer. Nací en un hogar de clase media, con un padre negociante y una madre maestra.  Juan tampoco escogió su familia, una familia indígena de agricultores en el altiplano.

Mi madre me dio de comer lo que ella consideraba bueno para mí: verduras, pollo, arroz, pasta, frutas... alimentos con macro y micronutrientes. Y yo no pude hacer nada más que comérmelo. La madre de Juan también le dio lo que ella consideraba bueno para su hijo, tortilla remojada en café, a veces frijol. Alimentos sin micronutrientes importantes para el desarrollo cerebral durante la niñez. Juan también lo comió.

Mi padre me dijo que hacer: levantarme a las 5:30 a.m. y  estudiar... estudiar duro! Leer! Aprender! Me llevó a un colegio. Me dijo que lo mejor para mi futuro era estudiar y superarme. Mi padre hizo lo mismo que su familia hizo con él.

El padre de Juan también le dijo que hacer: levantarse a las 4 am y trabajar... trabajar duro! Arar la tierra! Sembrar! Lo llevó al campo. Le dijo que lo mejor para su futuro era labrar la tierra y tener muchos hijos. El padre de Juan hizo lo mismo que su familia hizo con él.

Yo crecí, haciendo lo que me dijeron que hiciera. Juan también.

Mi visión de la vida dependió de la visión que me dieron en casa. La visión de Juan también.

Mi habilidad mental dependió en gran medida de la nutrición que me dieron durante mis primeros 5 años de vida. La de Juan también.

Con el transcurso de los años me gradué del colegio y asistí a la universidad (como me indicaron). Juan consiguió trabajo en un ingenio y logro casarse (como le indicaron).

Actualmente él tiene 5 hijos... yo ninguno. Actualmente yo soy profesional. Juan continúa trabajando en el ingenio.

Tanto Juan como yo hicimos todo lo que nos dijeron... y ambos lo hicimos lo mejor que pudimos!

¿Alguien me puede decir cómo es posible que yo gane en unos cuantos días, sentado a la sombra frente a un computador,  lo que Juan gana trabajando bajo el sol ardiente en toda una quincena?  Cómo es posible que yo pueda llegar a gastar en un almuerzo de fin de semana con los amigos lo que él gana en una semana? Y para colmo de males, que yo coma junto con la carne precisamente los elotes que él mismo sembró con sus manos y su esfuerzo y por los cuales no recibirá ni la décima parte de lo que yo pagué por ellos? 

“Ah no... Es que voooos te lo merecés! Es que vos sí te esforzaaaste!  Es que voooos sos profesioooonal!” Mentiras! Patrañas! Pajas!  Falsedades que queremos creer!  Si ambos comimos lo que nos dieron, hicimos lo que nos dijeron y dimos nuestro mejor esfuerzo... por qué esta abismal diferencia?  

No puedo más que sentirme cómplice de esta injusticia. No se necesita ser un genio para saber que es pura cuestión del azar.  No se necesita ser juez para saber que no es justo.

¿Cómo podría yo no sentir diariamente  una verdadera urgencia de hacer algo al respecto? ¿Cómo podría cualquiera en mi situación y con tres dedos de frente no tener la decencia y la mínima percepción de justicia y no intentar al menos hacer ALGO al respecto?

“Lo que consideramos como justicia es a menudo una injusticia cometida en favor nuestro.”
-Paul Claudel

Como asnos al desfiladero...


-“¡SOOOBEERRMAAAXX! ¡Es un producto totalmente natural y no tiene contraindicaciones!”
La voz masculina, seria y profunda pero sin dejar de ser energética, continúa:
-“¡Mejora la potencia!  ¡Aumenta la duración y la firmeza!  ¡Incrementa el apetito sexual! ¡Reduce la fatiga y mejora el rendimiento físico y mental!”
“¡Julugrún!”, pienso para mis adentros mientras me pongo la camisa, “¡puuuuras promesas de Baldizón!”. Intento ser analítico con el contenido del anuncio, pero me es imposible. Me disparan las promesas del mágico producto a una velocidad que mi consciente es incapaz de comprenderlo todo.  Y es que, precisamente, el anuncio está diseñado para ello: llegar a mi subconsciente con una metralla de palabras mientras mantiene a mi consciente atontado con imágenes sugestivas.  Y mientras me mantiene así, hipnotizado, repite… y repite… y repite la misma información, una… y otra… y otra… y otra vez.
-“¡¡¡DERMACURALÍN!!!” (Este nuevo término, gritado al oído por la TV, me despierta del sueño lúcido en el que me indujo el primer anuncio). “¡Dermacuralín es un producto totalmente natural y sin contraindicaciones!” (¡Ooootro!).  “Elimina las cicatrices del acné, las estrías, las manchas en la piel, la celulitis, las quemaduras, las ojeras, lo negro de las axilas, lo pálido, lo rasposo, lo feo de tu rostro… Y un laaargo etcétera.
Mientras me visto esta mañana con la televisión encendida, continúan apareciendo, uno tras otro, productos del mismo porte, más buenos que la leche y más inocuos que el agua, productos que nos resolverán totalmente la vida (¡¿cómo pudimos vivir sin ellos?!) y que están al alcance de cualquier paupérrimo y polvoroso bolsillo (siempre y cuando se tenga una paupérrima y polvorosa tarjeta de crédito).  Uno tras otro van apareciendo los productos, cada vez más creativos e innovadores: cremas para hacer crecer el tan deseado… cabello, cremas para hacer desaparecer el tan indeseable vello, máquinas que hacen el ejercicio por uno (¡y que las arterias y el corazón se pudran en colesterol!), máquinas que cocinan por uno, que adelgazan por uno, que caminan por uno,  que limpian por uno. (¿Voluntad? ¿Esfuerzo? ¡Nah! ¡Cosas del pasado!).
Mientras me pongo el calcetín izquierdo, reniego con la cabeza y murmullo: “¡Solo falta que inventen una máquina que piense por uno!” (En ese momento, caigo en cuenta que ya la inventaron y que, precisamente, ¡es a través de ella me está llegando la información! ¡¡Ahhh… desgracia!!)
Estos denominados “infomerciales” tienen todos la misma temática: Una persona en un mundo gris, triste y oscuro (generalmente representado en blanco y negro), con una vida peor que el infierno, siendo torturada por productos viejos y mediocres que se rompen… que se escurren… que incomodan… que torturan. Súbitamente se materializa en el aire el producto de los sueños y el mundo se torna multicolor. Todo se torna en sonrisas, comodidad y placer. Pareciera que han pulverizado alguna droga psicodélica y la han esparcido en el ambiente, estupidizando a todos los presentes en el anuncio.  El producto hace su trabajo suavemente y de manera perfecta. Finalmente, al terminar este éxtasis de comodidad, aparece la parte que más aborrezco: los denominados “testimonios”.
Aquí la gente da su “nombre” (¡Seguramente es el nombre real!) y su “ocupación” o “título” (“ama de casa”, “abogada”, “doctor”). Luego alaban el producto como que de una reliquia religiosa se tratara: “¡Cambió mi vida!” “¡Es lo mejor que pudieron inventar!” “¡Perdí ochocientos kilos en tan solo 2 semanas!”. Todo esto acompañado de fotos y animaciones que “prueban” que el producto realmente funciona. Sendas barrigas creadas en programas 3D son sustituidas rápidamente por abdómenes planos como tablas de lavar mientras la voz del narrador afirma convencidamente: “¡Miiiire como trabaja el producto!”. Finalmente, las fotografías de “antes” y de “después” (ambas con la misma ropa y tomadas el mismo día, sacando y metiendo la barriga.
Lo que siempre me ha impactado de estos anuncios son 3 hechos: a) La avaricia del comerciante por vender algo de lo que no tiene evidencia que funcione,  b) La cantidad de “modelos” que afirman que el producto funciona, y c) la pasividad de una sociedad que está acostumbrada a que le mientan y que considera a estas prácticas “normales” y “buenas” porque son importadas e indican “progreso” de nuestro país.
Las modelos súbitamente son convertidas en “testigos” de la efectividad del producto: leen un guión y sonríen sin parar mientras repiten como loros algo que no les consta. Luego posan para el “antes” y el “después”, sacando y metiendo la panza. Finalmente les pagan por sus servicios “profesionales”.
Es entonces cuando pienso: ¿Cómo es posible que hayamos llegado al punto en que mentir sea un trabajo? ¡Un punto en el que engañar al prójimo en aras del “desarrollo”  ya no sea condenable!
En algún momento nos desviamos como sociedad. ¡En algún momento tuvimos que perder el norte!
Ese norte lo perdimos desde que ya no nos preocupamos realmente por descubrir nuestras verdaderas necesidades. Ya no tenemos tiempo para ello. No tenemos tiempo para oírnos. Nuestras necesidades ya no son nuestras. Ahora las necesidades son creadas, son diseñadas. Nuestras necesidades reales quedan aplastadas y fosilizadas bajo la avalancha de necesidades creadas. Ahora, nos hemos acostumbrado a que nos indiquen qué es lo que necesitamos: “Necesitas una nueva cámara”, cuando la que tienes funciona bien. “Necesitas un aparato para hacer ejercicio”, cuando eres incapaz de salir a caminar 20 minutos. “Necesitas esto”. “Necesitas aquello”.
Al ser incapaces de oír nuestras propias necesidades, guiamos nuestro “progreso” en base a la mentira mercadológica. Parecemos un grupo de asnos que, detrás de una zanahoria, nos dirigimos en manada hacia el desfiladero. Lo peor de todo es que la zanahoria es diseñada y sostenida en alto por asnos que pertenecen a la manada y que tendrán el mismo destino que cualquier otro miembro de la misma. ¿Qué importa a dónde vamos si en el camino se produce dinero?  ¡Cuando nos vayamos en el desfiladero ya veremos que hacemos!
Medimos el progreso y desarrollo de un país en base al Producto Interno Bruto o P.I.B.  Y no nos importa si para lograr dicho P.I.B. se diseñan, por ejemplo, electrodomésticos  programados para dejar de funcionar en 5 años y que contaminarán aún más nuestro ambiente. ¡Qué importa la contaminación si esto asegura ventas a futuro! ¿Es esto realmente progreso?  ¿La humanidad realmente “progresa”?
Trabajamos como desquiciados y dejamos de ver a nuestras familias y amigos para poder tener el suficiente dinero que nos permita comprar el celular de última línea y así ¡mantenernos comunicados con nuestras familias y amigos! (¿Qué tan tonto es esto?).
Un producto es “nuevo” ¡si se empaca diferente! Un producto es “bueno” si vende… ¡y punto! Un producto es “el mejor” ¡si yo lo afirmo primero!
Con la tecnología y los conocimientos actuales, fácilmente tendríamos sociedades que actualmente consideraríamos utópicas si frenáramos por un momento y nos diéramos el tiempo para realmente oírnos a nosotros mismos y descubrir nuestras verdaderas necesidades como humanidad: necesidades como la solidaridad, la fraternidad, el equilibrio con nosotros mismos y nuestro medio, el desarrollo comunitario. Pero eso no pasará. Quizás porque “parar por un momento y meditar”, sea lo que realmente, se ha vuelto utópico. “Capitalismo” es el término que usamos para maquillar la avaricia y “marketing”, es el término que usamos para disfrazar la mentira.  Ambos son el tirano y el norte de una humanidad totalmente deshumanizada, Guatemala incluida. Y… ¡Oh, sorpresa!  Ya nos acostumbramos.
“En nuestro mundo la gente no sabe lo que quiere… y está dispuesta a TODO por conseguirlo.”
-Don Marquis -