- "De política y de religión no se discute con amigos ni familiares!!"
Aún retumba en mi cerebro esa frase sentenciada de manera tajante, que impactó mis tímpanos infantiles y que me frenó por unos años de realizar el sano ejercicio de cuestionar absolutamente todo. Sin embargo, como mala hierba nunca muere (gracias al cielo, por decirlo así), la curiosidad y la crítica volvieron a mí, ensañándose aún más con esos dos temas “intocables”: política y religión.
Cómo es posible, me pregunto ahora, que sea tan difícil discutir de dos temas de tanta importancia para nuestra vida con las personas que más nos importan? Acaso no se relacionan estos dos temas con la médula y el tuétano de la existencia? Acaso no tratan ambos temas, política y religión, sobre la manera en la que nos relacionamos con nosotros mismos, con los otros y con el universo? Por qué resulta tan espinoso el asunto? Para ilustrar el término “espinoso” imagínese una discusión acalorada con la tía más católica de la familia acerca de la veracidad de la encarnación de Jesucristo en una virgen quinceañera. Realmente un tema muy espinoso, no cree?
Ahora bien, la pregunta a contestar sería: Por qué podemos discutir tan fácilmente de otros temas irrelevantes, como el color de la pintura de la sala o el destino de las vacaciones familiares y no podemos tratar la religión o la política con igual neutralidad? La respuesta la encierra una sola palabra: Dogma.
Si se busca el término “Dogma” en “Wikipedia” (la versión fast-food del diccionario de la Real Academia Española) encontraremos la siguiente definición:
“...doctrina sostenida por una religión u otra organización de autoridad y que no admite réplica... creencia individual o colectiva no sujeta a prueba de veracidad”.
NO-SUJETA-A-PRUEBA-DE-VERACIDAD! Oyó usted bien! Es decir: Usted cree esto porque lo cree! Porque “así es y punto!”. Se lo traga y ya! No le resulta un poco ofensivo para su inteligencia que le impongan algo así, solo por que sí? Estaría usted dispuesto a que le impongan algo más así en su vida? No será que aceptó lo que aceptó de la religión (a la tierna edad en la que lo adoctrinaron) más bien influido por “quién” se lo dijo y “cuándo” se lo dijo que por el verdadero contenido de lo que le dijeron? En lo personal, si tuviera que eliminar un concepto de la historia de la humanidad, seguro sería “dogma”.
Si realmente creyera que Dios nos creó de la noche a la mañana, a su imagen y semejanza, y nos separó de los animales por nuestra capacidad de razonar, me costaría mucho entender por qué nos prohíbe usar precisamente la capacidad de análisis que nos dio como característica diferenciadora principal de los animales. Sencillamente no me cuadra!
No me malinterprete, no digo que yo crea que absolutamente todo lo relacionado a la religión sea malo. La espiritualidad que encierran las religiones es realmente buena y sana. De hecho, es precisamente la espiritualidad lo que todas las religiones tienen en común: el amor al prójimo y la búsqueda del bien. Pero es cuando aparecen los simpáticos “dogmas” y las “verdades absolutas” que todo se viene al suelo, igual que cae al suelo la capacidad de análisis de la persona y (paradójicamente) su posibilidad de discernir entre el bien y el mal. Históricamente el mayor éxito de las religiones en el dominio de las masas ha sido implantar la idea que es malo pensar, analizar, cuestionar y que es loable apagar el cerebro y dejarse mandar.
Cegados y “en nombre de la fe” se han realizado los actos más atroces de la humanidad, ya que existe una muy delgada línea (trazada con arena) que separa el dogma del fanatismo... y a veces el viento sopla fuerte. Basta recordar casos como la “Santa Inquisición”, el linchamiento social de Galileo cuando pronunció la “herejía” que la tierra no era el centro del universo (como se le ocurre!), la conquista de América, etc...
No se confunda, estimado lector, por la aparente “modernidad” de nuestra sociedad y que esos eran "otros tiempos"... los dogmas siguen teniendo el mismo poder de cegar mentes y son tan peligrosos ahora como en el pasado, la única diferencia es que a los dogmas actuales no los superamos... aún.
Por otro lado, el tema de la religión es supremamente relativo a quien lo cree, lo que por simple lógica le impide que sea un término absoluto y se relacione a verdades absolutas. Por ejemplo, en esta parte del mundo a la mayoría no le ofenderá en lo más mínimo ver a Ganesh, la deidad india mitad hombre- mitad elefante, tirada en un charco de lodo. Es solamente la escultura de un elefante! Pero no se vería el charco y su contenido con la misma indiferencia si se tratara de la imágen de la virgen de mayor devoción latinoamericana. Aún cuando a ninguno de los dos personajes anteriormente expuestos los haya conocido de manera personal, la sensación que la imagen provoca es completamente distinta en uno y otro caso. Hay cierto apego, cierto amor y cierta sensación de pertenencia con los objetos de la religión que uno profesa o que la familia profesa. Quizás esto se deba a una relación subconsciente entre la religión, nuestras santas madres, nuestra familia y nuestros orígenes... o quizás porque no respetar ciertos símbolos y ciertos íconos se relacione subconscientemente a arriesgar la promesa de la tan anhelada inmortalidad.
Lo interesante del caso es que precisamente estas dos mismas conexiones (a los orígenes y a la inmortalidad) las siente un hindú de la misma manera hacia su amado Ganesh. Quien estaría en lo correcto entonces? Alguno debería de estarlo? La Biblia dice? El Corán dice? El Yajur Veda dice? La Gran Enseñanza? El Torá? El Zendavesta? Hay tantos libros sagrados como religiones, y cada religioso está convencido de tener “la verdad absoluta” , la "interpretación correcta" y el “único libro verdadero”. Cada uno está convencido de los “dogmas” de su religión y tiene “pruebas irrefutables”. “Si yo estoy bien y tú no piensas como yo, tú necesariamente tienes que estar mal”. La receta perfecta del desastre!
Más interesante aún es observar que pasa precisamente lo mismo con la política en nuestro país. Andamos por allí con “credos” cuasi religiosos. Yo “creo” en la propuesta del candidato A . Yo “creo” en la propuesta del candidato B. Yo creo en tal, yo creo en cual. Y yo pienso: A creer a la Iglesia!! Aquí se trata de analizar!! De buscar las mejores propuestas. Y eso es un proceso perpetuo y cambiante que no termina! Lo bueno hoy pudiera no ser tan bueno mañana. Si no analizamos continuamente, corremos el riesgo de “beatificar” políticos o propuestas.
Algunos políticos guatemaltecos, ungidos con la beatificación de tener “buena reputación” luego de una gestión exitosa, se dan el lujo de atentar contra la constitución, de tomar conductas demagógicas o de aliarse con personajes de dudoso proceder y siguen siendo reelectos. Su reputación: intacta. Otros ganan su beatificación en otros sectores repartiendo láminas en occidente o abono en oriente. Sus seguidores llevan su nombre en sus camisetas, sus calcomanías en el parachoques de su pick-up y justifican cualquier actitud que el personaje tome. Y ya todo está dicho, pues ya son “santos de devoción política popular”. Como madre consentidora que ve a sus hijos “perfectos y bonitos”, cada grupo los acoge, los mima... y los arruina totalmente.
Otros políticos, por otro lado, son satanizados encarnizadamente: no importa que tengan una idea positiva o que implementen un proyecto exitoso. Es una “estupidez” solo por el hecho que salió de su torpe boca o tocó sus inútiles manos. Cualquier acto positivo que venga de ellos es minimizado. Cualquier acto negativo, magnificado. Son malos políticos porque son “malos”, “feos”o “cae-mal”. Están social, política y mediáticamente estigmatizados de por vida (Ah si, la prensa también cae en la tentación de “creer”).
Lo que el populismo hace en las clases bajas, la reputación indestructible (buena o mala) lo hace en las clases medias y altas de la sociedad. No hay nada que hacer. Las etiquetas están asignadas. Los “buenos como nosotros” serán siempre “buenos” y los "esos", los “malos” serán siempre “malos”. Más aún, absolutamente todo lo que sale de la boca de los “buenos” es “bueno” y absolutamente todo lo que sale de la boca de los “malos” es “malo”. La muerte del individuo no hace más que perpetuar e intensificar las etiquetas, las beatificaciones y las satanizaciones. Pregunte usted por allí, si Ubico fue bueno o malo. O Arbenz? Obtendrá múltiples respuestas, y es probable que diametralmente distintas, pero con algo en común: completamente pasionales. Es más fácil apagar el cerebro. Es más cómodo dejarse llevar por los sentimientos y las percepciones.
Se ha dado cuenta usted, estimado lector, que existe una relación DIRECTA entre la alta religiosidad de un pueblo y su subdesarrollo político? No se deberá esto precisamente a la facilidad con las que el pueblo religioso abraza “dogmas”, “verdades absolutas”, “salvadores políticos” y “demonios imperdonables”?
Para finalizar, quiero abordar el hecho que esto mismo que pasa con la política y con la religión, pasa con las teorías económicas (nótese que una “teoría” por definición aún no es una verdad) . Por ejemplo, en nuestras latitudes existe una veneración casi religiosa al socialismo, a la Revolución y al Che Guevara. Por favor no se me ofenda! Igual que cuando hablamos de la religión, no todo es malo. No digo que la Revolución no tenga sus puntos a favor, pero es un hecho que este movimiento dista mucho de estar cercano a la perfección. Basta un solo viaje a Cuba para darse cuenta que en todas partes se “cuecen habas”. Y lo digo porque lo vi con mis propios ojos: Mercedes Benz para algunos, transporte público para otros; casas literalmente en ruinas para unos, apartamentos de lujo en el exclusivo barrio “El Vedado” para otros. Créame que estas “mansioncitas” y otros privilegios no los rifan entre el pueblo, no se los dan a la ancianita de la esquina ni los reparten democráticamente...son para el burócrata. Además, basta platicar con una señora de la Habana para saber que no les alcanza ni siquiera para comer con lo que el gobierno les da, menos para vestirse, y que tienen que ajustar “bajo de agua”mediante una especie de mercado negro que es un “secreto a voces”. Basta ver a los ojos a un cubano cuando habla de su deseo de viajar, de conocer otros lugares, de conocer a su nieto, para darse cuenta que el “bienestar cubano” es algo muy relativo. Pero eso si, seguros y con todo su esquema de vacunas! Así pueden vivir muchos más años, tristemente, deseando otras cosas que no tienen.
En el lado contrario del ring, están los OTROS fanáticos: los neoliberales consumados. Creen religiosamente en el Gran Dios Mercado. Son fervientes seguidores de Mises y de Hayek. Están fanáticamente convencidos que el que no se supera es porque no quiere, e ignoran voluntariamente la desigualdad abismal de oportunidades que existe en Guatemala y el mundo. Niegan que hayan nacido con ventaja. Niegan la ventaja de la nutrición cerebral. La ventaja de la educación. La desigualdad de visión. La desigualdad de oportunidades. Creen ciegamente en la autorregulación del mercado sin darse cuenta que sin una brújula moral que regule al mercado, cualquier “creativo” por allí se vuelve millonario creando engendros financieros, vacíos como bombas de jabón, que luego explotan y hacen temblar la economía mundial.
Y yo me pregunto: si mejor no creemos en “verdades absolutas”? Y si mejor buscamos siempre el análisis constante y la moderación? Razón en vez de pasión? Por ejemplo, si le brindamos la oportunidad a un punto intermedio: Igualdad real de oportunidades ( de educación, de salud )y mercado libre de privilegios? No estaríamos inventando el agua azucarada... es lo que ya se ha probado que funciona en los países realmente desarrollados de Europa.
Quizás toda esta problemática se deba a que el humano en general (y sobre todo el guatemalteco) tiene la necesidad imperiosa de creer. Creer en el bien absoluto. Creer en el mal absoluto. Creer en el candidato. Creer en que vivirá para siempre. Creer en algo! Y si en vez de creer mejor comenzamos a pensar?
Digamos que existen dos tipos de mentes poéticas, una apta para inventar fábulas y otra dispuesta a creerlas.
Galileo Galilei