Bueno pues, señor “abstencionista”. Las elecciones pasaron. Después de tanta bulla y de tanta discusión acerca de si ir a votar o de si no votar, las elecciones… ¡se dieron! Después de andar analizando que si los “buenos candidatos” no pasaron a segunda vuelta, que si este pueblo es un estúpido sin memoria y no sabe elegir, que si cáncer, que si sida, que si ninguno era de mi “ideología”, que si el pasado, el presente o el futuro… ¡se dieron! ¡Como siempre se han dado! ¡Y como siempre se darán!
Inevitablemente, inexorablemente… existe un ganador. No importando si le guste o no a usted o a su vecino: existe un ganador.
Y no importó si el ganador es el que Ud. consideraba “menos peor” o si por el contrario, es el que Ud. consideraba el “más nefasto”. No importó. Existe un presidente electo popularmente. Esto ya es historia. Y Ud., igual que yo y el resto de guatemaltecos, tendremos que tragarnos el verle la cara 4 años. Tendremos que llamarle “presidente”. Tendremos que ceñirnos a su mandato. Tendremos que sufrir las consecuencias de tenerlo en el poder.
Y es tiempo de analizar si se hizo bien o mal en abstenerse de votar (¿O es Ud. acaso de las personas que no analizan y no buscan mejorar? No lo creería, porque son precisamente ese tipo de personas que no se retan a sí mismas, que no se reinventan y que no buscan mejorar las que mantienen sumido a este país en el subdesarrollo).
Analicemos fríamente y contestémonos las siguientes preguntas:
- ¿Hizo Usted, señor abstencionista, alguna diferencia ausentándose de votar?
- ¿Evitó Ud. heroicamente que alguno de los dos “malos candidatos” fuera electo?
- ¿Guatemala ha mejorado con su abstencionismo?
- ¿Encuentra Ud. reflejado su abstencionismo en mejores políticas y en mejores planes de gobierno?
- Si el abstencionismo hubiese sido de 10% más del que realmente fue… ¿habría alguna diferencia? ¿Y si hubiese sido 30% más? ¿Qué tal 40% más?
El porcentaje de abstencionismo se olvidará en 1 mes cuando mucho, se lo aseguro, pero el presidente quedará 4 años.
Yo le pregunto, señor abstencionista: ¿Acaso el candidato electo tomó la victoria triste y humillado, sintiéndose avergonzado de que no todos los guatemaltecos fueron a votar? ¿Acaso el ganador está cabizbajo y meditabundo, dándose golpes en el pecho porque no es “santo de devoción” de absolutamente todos los guatemaltecos y realmente resiente el “castigo” y la “lección” que Ud. le propinó con no ir a votar? ¡Por supuesto que no! ¡La sonrisa de triunfador, no se la quita nadie! ¡Esa sonrisa es tan amplia que casi se le juntan las comisuras en el occipucio y le parte la cabeza en dos! ¡El brillo en sus ojos triunfadores no se lo quita nadie!
Este gobierno seguirá sin que Ud. haya tenido la más mínima participación en su elección o no elección. Para bien o para mal, seguirá sin que Ud. haya tenido el más mínimo impacto.
Lo más curioso de todo esto es que estoy escribiendo estas líneas el día sábado, un día antes de las elecciones, simplemente porque estoy convencido que las elecciones se darán y habrá un ganador. Simplemente porque sé, históricamente, que el mayor o menor abstencionismo en las pasadas elecciones no ha tenido el más mínimo impacto. Ni lo tendrá en las futuras elecciones. Ni en este país ni en ningún otro. Porque soy frio, calculador y pragmático.
¿Acaso su frustración y su orgullo evitaron que uno de los “pestilentes candidatos”, como suele Ud. llamarlos, fuera electo? ¿De verdad los consideraba Ud. exactísisisimamente iguales a los dos? ¿No será que se dejó llevar por las emociones y la frustración? ¿No será que apagó su capacidad de análisis con tal de no esforzarse en buscar pequeñas diferencias y se sentó con los brazos cruzados y el rostro fruncido de enojo, dejando que pasara cualquier cosa? O, ¿será que no tuvo el valor de tener que afrontar las posibles consecuencias de haber elegido uno de los dos? Que más que una situación de principios, ¿fue una situación de cobardía?
“Yo no voté por él” es una frase cobarde. ¡Usted no voto por nadie! No tuvo el valor de hacerlo. Cuando se trata de elegir entre blancos o negros es fácil. Elegir entre placer y dolor es fácil. Lo difícil es encontrarse frente a una escala interminable de grises, a veces muy oscuros y parecidos, y tener que elegir. Lo difícil es hacerse responsable de esa elección. Dejar de pensar en lo que uno siente y comenzar a pensar en el país.
¿El control de las emociones no logró imponerse esta vez? ¿No logró controlar el enojo y el berrinche de no tener un superhombre como presidente? O me va a decir Ud. que ¿había algún supercandidato en la primera vuelta? ¡TODOS TENÍAN SUS COSITAS! ¡TODOS SIN EXCEPCION! Que si tarántula, que si viejito cascarrabias, que si pastor interesado… ¡a TODOS los pelamos! De todos hicimos chistes, y es lógico: todos son simples mortales (algunos ligeramente mejores o peores que otros). Todos son humanos con sus defectos, sus egoísmos y sus intereses particulares. Ninguno es un superhombre (o supermujer). Ninguno por si solo puede ni podrá sacar adelante este país.
En ninguna parte del mundo una sola persona ha sacado un país adelante. Algunos han sido más sabios que otros. Otros han logrado inspirar más a un pueblo. Pero en todos lados el desarrollo ha sido un trabajo en equipo. Y le aseguro que un gran líder, sin un gran pueblo, está perdido… remando en la arena. Además, si no somos un gran pueblo, ¿de donde vamos a sacar entre nosotros a un gran líder?
Y aquí es donde viene el tema más importante. Si la elección ya es un hecho y tenemos un nuevo presidente… ¿qué vamos a hacer ahora?
Pues ¿qué otra cosa? ¡Trabajar por un mejor país! Modificar las cosas desde adentro.
¿Y cómo? Pues analizando lo que “salió mal” y trabajando en ello.
- “¡El problema fueron los partidos políticos! Escogen a los candidatos a dedo en base a intereses personales” Bueno, ¡pues trabajemos duro estos 4 años como sociedad civil en presionar por una modificación de la Ley Electoral y de Partidos Políticos entonces!
- “¡El problema es la ignorancia de la gente!” Bueno, involucrémonos en la educación cívica de la población más ignorante y vulnerable.
- “¡El problema de estas elecciones fue X!” “No, ¡el problema fue Y!”. Pues busquémosle solución a X y a Y… ¡y RÁPIDO, porque ya en 4 años vienen otras elecciones!
¡Qué se yo cuales son todas las soluciones! Ninguno tenemos todas las respuestas. Pero si sé que hay que buscarlas… y no nos van a caer del cielo.
Lo que si debemos evitar es volvernos nosotros mismos el problema y quedarnos paralizados y resignados cuatro años más, echándole la culpa a todos menos a nosotros mismos. Y por tanto, sin hacer nada.
Lo que nos toca es apretar la quijada y la mano en el mango del machete o la pluma y ¡CHAMBEAR! ¡CHAMBEAR! ¡CHAMBEAR! ¡Involucrarnos en movimientos cívicos! ¡Involucrarnos en movimientos educativos! ¡Informarnos! ¡Leer! ¡Enseñar! ¡Hacer ciudadanía! Realmente vivir la democracia día a día y dejar atrás el engaño que democracia es pintarse el dedito de morado y agitar banderitas una vez cada cuatro años en búsqueda de un héroe. Transformarnos, poco a poco, en un gran pueblo, listo para tener un gran líder.
- “Ud. no me entiende (podrá decirme), yo no fui a votar porque quiero un cambio en el sistema”, me dirá. “Porque votando solo legitimo el sistema actual… ¡por una situación de principios!”.
Resulta muy seductora la idea de una revolución, de un “renacer” súbito. Un borrón y cuenta nueva. Pero ¡el problema real del país no es solo su sistema, sino también su materia prima! La materia prima será la misma, no importando cuantas veces reiniciemos y empecemos esto de cero.
Todos los componentes psicológicos que hacen difícil la convivencia entre humanos permanecerán el tiempo que estemos trabajando con humanos, es decir, siempre: El egoísmo persistirá, la apatía persistirá, la ambición persistirá, los “vivos” y aprovechados persistirán. Todos estos componentes han persistido siempre, en todos los tiempos y en todos los países, no solo en Guatemala.
¿Cuál ha sido entonces el secreto de los países realmente desarrollados? Pues conocer estos componentes, aceptarlos y modificar poco a poco sus sistemas, para minimizarlos al máximo. ¿Qué herramientas han usado para ello? Pues la presión cívica, el voluntariado, la solidaridad y la educación. Crear políticas sabiendo que el desarrollo de un solo sector es insostenible, porque todos estamos en el mismo barco. Esos países han promovido la implementación de una cultura de la consecuencia, la cristalinidad y la auditoría social. Han promovido el trabajo en equipo entre gobierno y población, sin verse los unos a los otros como amenaza, sino como sectores interdependientes que se necesitan y se potencian. Han logrado una visión en común como país y un trabajo conjunto para lograr esa visión. Pero eso si, vigilándose y auditándose los unos a los otros.
Es probable que, si comenzamos a trabajar realmente duro y nos acostumbramos a ese ritmo, quizás en las próximas elecciones Ud. no vote por el “mejorcito” ni por el “menos peor”, sino por el que no se le cruce en su camino como ciudadano educador y forjador de una democracia y de un país. Votará por el que le estorbe menos.
Las elecciones se seguirán dando, como se siguen dando en todos los países desarrollados, simplemente porque es el mejor sistema hasta el momento, con todos sus defectos. La diferencia entre los países desarrollados y nosotros NO ESTÁ en la manera en la que llevamos las elecciones… está en lo que hace el pueblo, es decir Ud. y yo, entre elección y elección.
“Estoy cansado de escuchar decir que la democracia no funciona. ¡Por supuesto que no funciona! ¡Se supone que la tenemos que hacer funcionar!”
-Alexander Woollcott