martes, 17 de enero de 2012

Qué hago con la bolsita del Tor-trix?


Ya vamos a llegar tata?

- Si mijo, aguántese un poquito que ya vamos a llegar.

La camioneta marca "Blue Bird", que en otros tiempos fuera usada como bus escolar en tierras del norte y que ahora cubre la ruta Cobán-Guatemala,  avanza rauda por la serpenteante carretera. La colorida pintura, su nombre de mujer y los bultos en redes de la parrilla la identifican inconfundiblemente como transporte extraurbano chapín.

El tubo que corona el asiento, oxidado por años de sudor de miles de manos asidas,  contrasta con el brillante latón del respaldo del asiento  maltrecho de enfrente. Contrasta también con los brillantes tubos cromados, paralelos uno al otro,  del pasamanos atornillado al techo del vehículo.  Como ya es costumbre en Guatemala, cada asiento aloja a tres pasajeros (a veces cuatro si el nene es "menudito"). Una larga doble fila de pasajeros parados nalga con nalga  se forma en el corredor.  Y es en ese corredor donde Don Reynaldo y su hijo viajan hacia la capital. Su objetivo: unirse a la manifestación del CONIC en la eterna búsqueda de igualdad en un país eternamente desigual.

La imagen nos podría parecer cotidiana a primera vista. Sin embargo es una manifestación EJEMPLAR de ejercicio cívico ciudadano:  guatemaltecos  en justa demanda, exigiendo el cumplimiento del Artículo 2, 4, 26, 28 y 33 (entre otros) de nuestra Constitución.  Ejercicio cívico ciudadano que la gran mayoría de nosotros estamos lejos de ejercer ya sea por desconocimiento o por apatía.

Lo interesante del caso es que Don Reynaldo es analfabeto.  Y aún así, en parte por imitación, en parte fruto de largas pláticas con otras personas de su comunidad, ejerce impecablemente sus derechos.

Y es aquí donde me surge la duda: Cómo podemos explicar que una persona que no puede leer la constitución la aplique muchísimo mejor que muchas personas que si podemos leerla?

La respuesta es sencilla: La ley escrita tiene poca influencia en nuestras vidas. Por otro lado, la imitación, así como  el conocimiento que otros nos comparten a diario, tienen una influencia ENORME en las decisiones que tomamos diariamente.  La mayoría de nuestras decisiones las basamos en ese "conocimiento común" y no en lo que está escrito: La manera en la que conducimos, la manera en la que nos comportamos o la manera en la que realizamos nuestro trabajo son por lo general imitaciones de lo que hemos visto hacer a otros. Las normas y leyes escritas tienen poco o nada que ver con lo que hacemos a diario. Aprendemos  por “mañas”  y por “tips” más que por reglas y por normas.

Para muestra, un botón: Cuántos artículos de la ley de tránsito puede usted  recordar en este momento?  Quizás un puñado, si tiene buena memoria. Sin embargo, es probable que (si posee carro) maneje a diario y tome cientos de decisiones diariamente mientras maneja. O cuántos artículos de la Constitución puede recordar?  (Yo tuve que revisar la constitución para numerar los pocos artículos arriba mencionados, porque  simplemente no recordaba ninguno). Cuántas directrices y procedimientos escritos de su trabajo puede recordar? Ve hacia donde voy?

La realidad es que existe un divorcio casi absoluto entre lo escrito y lo habitual. O más bien: lo escrito desaparece frente a lo cotidiano... a menos que logremos volverlo cotidiano!

Y es por ello que en lo personal estoy convencido que la creación de más leyes por parte del Congreso de la República impactará poco en nuestra realidad como país. Ya lo hemos vivido con anterioridad: leyes que en papel se ven espectaculares pero que jamás se aplican. Por lo general, seguimos haciendo las cosas como las hemos hecho hasta ahora, a menos que "alguien" venga y nos enseñe, nos influencie o nos fuerce a hacerlo de diferente manera.  

Esa influencia se dio en Medellín, Colombia , en su famoso metro. Desde el momento en el que se concedió la licitación para su construcción, las autoridades iniciaron una campaña masiva de educación a la población acerca de la manera en la que se debían comportar en el metro. Frases sencillas como: "El metro es de todos", "Ceda el paso a los que bajan de los vagones antes de subir", "Recuerde no tirar basura, es SU Metro" repetidas continuamente a la población lograron permear en el subconsciente de la ciudadanía. Y esas frases se siguen oyendo a diario por los altoparlantes del metro día tras día. El resultado? Un metro latinoamericano cuyos pisos impecables reflejan la luz y superan por mucho en limpieza y organización a los metros del este de Estados Unidos.  Un metro sobre el cual los ciudadanos fueron educados, se involucraron y se sienten orgullosos de enseñarlo al mundo!  Y sí, también son latinoamericanos, con toda nuestra idiosincrasia.

Si queremos impactar el día a día del guatemalteco a corto plazo, no debemos de generar más leyes que lo confundan, sino educarlo en las leyes y normas ya existentes. Modificar comportamientos y actitudes comunes.

 Debemos apostar a este tipo de educación "informal"  pues es la que influye realmente en las decisiones cotidianas que tomamos en segundos:  Me cruzo el rojo? Compro la factura? Me meto a este negocito que se ve algo turbio? Declaro este producto? Qué hago con la bolsita vacía del "Tor-trix"?

Ahora bien: cómo podemos implementar  e institucionalizar esta educación informal? A mi me gusta fantasear con un Ministerio de Conducta Cívica que se encargue de ello.

"Un Ministerio de Conducta Cívica?!?"" Podría estar pensando usted en este momento. "Qué papel podría tener algo así!?"

Un ministerio como el propuesto se encargaría de campañas masivas de educación ciudadana en cuanto a múltiples temas: derechos y responsabilidades ciudadanas, normas ,leyes y conducta poblacional en general.
"Y acaso esto no sería  parte de las atribuciones del Ministerio de Educación?" Podría usted preguntarse.
Yo considero que no. Este ministerio iría mucho más allá... y por varias razones.

Primero: Este ministerio (a diferencia del Ministerio de Educación) se  centraría sobre todo en personas adultas, aún cuando influiría de manera secundaria en la niñez (y mucho! pues ellos aprenden imitando a sus padres).

Segundo: Sería un ministerio que, mediante técnicas de mercadeo y  psicología, permearía en el subconsciente de la población un conjunto de mensajes positivos sencillos sobre la conducta legal y  responsabilidad cívica.

Tercero:  Sería un ministerio con una base científica, por lo que debería indagar profundamente (mediante encuestas, foros de discusión, etc.) en  la psicología guatemalteca y cuál es la mejor manera de impactarla. Cada población es única y no podemos importar todas las técnicas extranjeras pues muchas no funcionarían. Debemos diseñar las propias.

Cuarto: Sería un ministerio que, mediante la interacción y planificación estratégica con otros ministerios, alcaldías y otras instituciones gubernamentales y no gubernamentales,  diseñaría un programa  sobre las conductas repetitivas más nocivas de nuestra población, así como la manera de modificarlas.

El ministerio de conducta cívica tendría bases científicas, psicológicas y éticas, además de contar con una asesoría legal constante. Sería un ministerio multidisciplinario y tendría efectos casi inmediatos en la conducta de las personas y por tanto, en la manera en la que el ciudadano común percibe la sociedad y actúa dentro de ella.

Un ministerio así daría espacio para aplicar toda nuestra creatividad chapina (mensajes auditivos atractivos y muy chapines, posters educativos en las vías públicas, calcomanías en las aceras, etc.). Así mismo, daría espacio laboral a científicos de altura en nuestra sociedad (psicólogos, sociólogos, investigadores), evitando así la fuga de cerebros.

En el momento histórico en el que nos encontramos, con un cambio de gobierno y la creación de un ministerio de desarrollo social, y con la alta expectativa en un cambio real y tangible, podría ser el momento idóneo para comenzar a invertir en la "materia prima" de esta sociedad:  la conducta diaria del ciudadano de hoy. Esta podría ser la palanca que nos transforme como sociedad.

Seguramente habría mucha tela que cortar y muchas modificaciones que hacerle a esta burda idea. Pero una cosa es cierta: Guatemala necesita de más objetividad y menos dogma. Más ciencia y menos política. Lo que necesitamos son resultados... y pronto!

"Locura es hacer la misma cosa una y otra vez esperando obtener diferentes resultados"-Albert Einstein

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